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A 90 AÑOS DE NACIMIENTO DE PIAZZOLLA, REVOLUCIONARIO MUSICAL ‎

11 marzo, 2011

Piazzolla después de Piazzolla no deja de ser una pregunta interesante….


ASTOR PIAZZOLLA: HIJO DILECTO
“Piazzolla, hijo de padres marplatenses y nacido el 11 de marzo de 1921, es el más importante músico que ha dado nuestra ciudad al mundo, su fama ha traspasado los límites de la Argentina, fue amado por muchos, resistido por otros tantos, pero nunca olvidado”, señaló Monti.
La historia más conocida de Piazzolla contempla su paso por la orquesta de Lauro, su incorporación a la de su idolatrado Aníbal Troilo y la propia, acompañando al cantante Francisco Fiorentino, hasta llegar a su mítica orquesta de 1946. Luego siguió su etapa de estudios con el renombrado compositor clásico Alberto Ginastera, su primer obra sinfónica en tres movimientos “Buenos Aires”, su viaje a Paris para estudiar con Nadia Boulanger, su primer y revolucionario octeto, los emblemáticos quintetos, el noneto, las canciones con Horacio Ferrer, la polémica de “Balada para un Loco”, su grupo electrónico, su trabajo con Gerry Mulligan, Gary Burton, sus bandas de sonidos, su sexteto final y la larga lista de colaboraciones solistas acompañando a orquestas sinfónicas y grupos de cámara por todo el mundo.
Su debut profesional fue en el bar de su padre Vicente, a quien él llamaba cariñosamente “Nonino”, instalado en la calle Alberti 1555 de esta ciudad, donde formó un singular trío tanguero de bandoneón, contrabajo y piano.
Si bien en su música se reconocen influencias y elementos de vastas y variadas procedencias de música clásica y jazz, su esencia está en Vardaro, Pugliese, Troilo y Gobbi, o sea en el tango.
“Sin lugar a dudas, Astor Piazzolla es considerado uno de los más grandes compositores y creadores del siglo XX y a casi 20 años de su desaparición física, la vigencia de su música y obra no hace más que crecer en el mundo”, agregó el autor del proyecto.
Cabe destacar que, en el partido de General Pueyrredón han sido pocas las declaraciones de Hijo Dilecto, en virtud de que estas distinciones se otorgan sólo a las personas que han trascendido y descollado a nivel internacional, de forma tal que la sola mención de su nombre remita a su obra, trayectoria y legado.

Fuente: http://www.codigomardelplata.com/

Bandoneonista, pianista, director, compositor y arreglador
(11 de marzo de 1921 – 4 de julio de 1992)
Nombre completo: Astor Pantaleón Piazzolla

Más de Piazzolla:

Música
Partituras
“Adiós Nonino”
Piazzolla en Francia
Octeto Buenos Aires
Su infancia en N. York
De N. York a M. del Plata
Gardel y Piazzolla

Piazzolla no es sólo el músico de tango más célebre en el mundo, sino también un compositor cultivado por notables concertistas internacionales, conjuntos de cámara y orquestas sinfónicas. Es posible que haya llevado al tango hasta sus límites, tan lejos -estéticamente hablando- que muchos tanguistas no tuvieron capacidad de acompañarlo ni de entenderlo. A los que sí lo siguieron, y a los que vinieron después, les legó el difícil problema de sustraerse, aunque sea en parte, de su influencia y de encontrar un nuevo rumbo después de su obra. El “postpiazzollismo” es hasta ahora una colección de intentos, importantes algunos pero insuficientes.

Su inserción en el medio tanguero de Buenos Aires comenzó en 1938, precisamente la época en que el tango despertaba aceleradamente de su relativo letargo, iniciado alrededor de 1930. La relación de Piazzolla con ese medio fue complicada, mezcla de amor y desprecio, de admiración y resquemor. Pero su lucha, que era la de un artista tan dotado como innovador, contra la mediocridad y el conservadurismo, la libró desde el interior del tango, con profundas raíces en él, tocando con orquestas ajenas o propias en palcos de café o en oscuros clubes suburbanos. Este barro ya no lo tienen en sus botas los postpiazzollanos.

A pesar de esta raigambre y de la profunda esencia tanguera de todo lo que hacía Astor, incluso cuando se trataba de otra música, desde mediados de los ’50 se extendió entre sus detractores una muletilla presuntamente descalificadora: “Piazzolla no es tango”, como expresión absoluta del quietismo y la intolerancia. No obstante ese antagonismo, varios tangos fueron escritos en su homenaje, uno de ellos por Julio De Caro, figura capitular del género, testimoniando la admiración que despertaba ese personaje áspero y combativo, que rompía todos los moldes.

Astor Pantaleón nació en 1921 en Mar del Plata, cuando este puerto pesquero del Atlántico, 420 kilómetros al sur de Buenos Aires, era a la vez un balneario aristocrático, aún no masivo. En 1924 pasó a vivir con sus padres en Nueva York, donde en 1929 sobrevino su encuentro con el bandeoneón. En 1932 compuso su primer tango, “La catinga”, nunca difundido, e intervino como actor infantil en “El día que me quieras”, film cuya estrella era Carlos Gardel.

Ya de regreso en Mar del Plata, en 1936 comienza a formar parte de conjuntos locales y a conducir incluso uno que adoptaba el estilo del Sexteto Vardaro, que a partir de 1933 había intentado una audaz superación estilística, desdeñada por las grabadoras. Su líder, el violinista Elvino Vardaro, tocaría muchos años después para Piazzolla.

En 1938 llegó a Buenos Aires, donde, luego de pasar brevemente por varias orquestas, fue incorporado a la del bandoneonista Aníbal Troilo, que se había constituido en 1937 y jugó un papel trascendental en el apogeo del tango en los dos decenios siguientes. Además de bandoneón de fila, Astor fue allí arreglador y ocasional pianista, en apurado reemplazo de Orlando Gogni (o Goñi), tan brillante como incumplidor. Troilo prohijó a Piazzolla, pero también recortó su vuelo para ceñirlo a los límites de su estilo, que no debía trasponer la capacidad del oído popular.

El ímpetu renovador de Astor comenzó a desplegarse en 1944, cuando abandonó a Troilo para dirigir la orquesta que debía acompañar al cantor Francisco Fiorentino. Aquella fue la extraordinaria conjunción de un vocalista enormemente popular y un músico de talento único. Quedaron de ese binomio 24 temas grabados, con versiones descollantes (los tangos “Nos encontramos al pasar”, “Viejo ciego” y “Volvió una noche”, entre otros). La serie incluye los dos primeros instrumentales registrados por Piazzolla: los tangos “La chiflada” y “Color de rosa”.

Tras aquella experiencia inaugural, Astor lanzó su propia orquesta en 1946, todavía ajustada a los cánones tradicionales del género. Como tal se instaló desde su inicio entre las agrupaciones más avanzadas, junto a las de Horacio Salgán, Francini-Pontier, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi y el propio Troilo. Entre sus cantores sobresalió Aldo Campoamor. Hasta 1948 grabó un total de 30 temas, entre ellos versiones antológicas de tangos como “Taconeando”, “Inspiración”, “Tierra querida”, “La rayuela” o “El recodo”. Entre los registros se destacan cinco obras del propio Piazzolla, que ya anuncian -particularmente en los casos de “Pigmalión” y “Villeguita”- al genial compositor.

Este surge muy pronto en toda su hondura y originalidad con tangos de inigualada inspiración: “Para lucirse”, “Prepárense”, “Contratiempo”, “Triunfal”, “Contratiempo” y “Lo que vendrá”. Esas piezas son incorporadas al repertorio de importantes orquestas, como las de Troilo, Francini-Pontier, Osvaldo Fresedo y José Basso, muchas veces con arreglos escritos por el propio Piazzolla. Mientras tanto, su orquesta graba entre 1950 y 1951 cuatro obras, dos de ellas en un memorable disco de 78 revoluciones: los viejos tangos “Triste” y “Chiqué”.

En los primeros años ’50 Piazzolla dudó entre el bandoneón y el piano, y pensó volcarse a la música clásica, en la que ya venía incursionando como compositor. Con esas ideas se trasladó en 1954 a Francia, becado por el Conservatorio de París, pero la musicóloga Nadia Boulanger lo persuadió de desarrollar su arte a partir de lo que le era más propio: el tango y el bandoneón. Allí graba en 1955, con las cuerdas de la Orquesta de la Opera de París, Martial Solal al piano y él mismo en bandoneón, 16 temas, todos suyos salvo dos. Aquello fue un nuevo torrente de asombrosa melopea, con tangos como “Nonino” (antecedente del célebre “Adiós, Nonino”, emocionada despedida a la muerte de su padre), “Marrón y azul”, “Chau, París”, “Bandó”, “Picasso” y otros.

Orquesta Astor Piazzolla

De regreso en la Argentina, Piazzolla se desplegaría en dos direcciones. Por un lado, la orquesta de bandoneón y cuerdas, con la que dio a conocer una nueva generación de tangos suyos, de actitud ya rupturista, como “Tres minutos con la realidad”, “Tango del ángel” y “Melancólico Buenos Aires”. Su repertorio incluía por entonces también tangos tradicionales releídos y otros más actuales de diferentes músicos, como “Negracha” (Pugliese), “Del bajo fondo” (José y Osvaldo Tarantino) o “Vanguardista” (José Bragato). La orquesta contaba con el cantor Jorge Sobral, ya que Astor quería extender al tango canción su propuesta renovadora.

La otra gran empresa de Piazzolla en esa época fue la creación del Octeto Buenos Aires, en el que reunió a ejecutantes de gran nivel y con el cual subvirtió todo lo conocido en tango hasta entonces. Hay quienes juzgan a ese Octeto como el cénit artístico de toda su carrera. Aquel conjunto, que grabó sólo dos long-plays medianos, se dedicó sobre todo a reinterpretar grandes tangos tradicionales, como “El Marne”, “Los mareados”, “Mi refugio” o “Arrabal”.

En 1958 Piazzolla se estableció en Nueva York, donde vivió circunstancias muy difíciles. De aquella infeliz etapa quedó su experimento de jazz-tango, que él mismo juzgó con dureza -excesiva tal vez- por la concesión comercial que supuso. Pero al retornar a Buenos Aires en 1960 creó otro de los conjuntos fundamentales de su trayectoria: el Quinteto Nuevo Tango (bandoneón, piano, violín, guitarra eléctrica y contrabajo), que causó furor en ciertas franjas de público, entre ellas el universitario.

Esta formación, cuyos integrantes fueron cambiando con el tiempo, frecuentó un repertorio variado, que incluyó nuevos tangos del director, como “Adiós, Nonino”, “Decarísimo”, “Calambre”, “Los poseídos”, “Introducción al ángel”, “Muerte del ángel”, “Revirado”, “Buenos Aires Hora 0” y “Fracanapa”, entre otros. Con la voz de Héctor de Rosas realizó notables versiones de “Milonga triste” y tangos como “Cafetín de Buenos Aires”, “Maquillaje”, “Nostalgias” y “Cuesta abajo”, entre otros.

En 1963 retornó a un fugaz Nuevo Octeto, que no alcanzó el óptimo nivel del anterior pero le permitió incorporar nuevos timbres (flauta, percusión, voz). Entre las diversas realizaciones de esos años intensos, sobresalen dos acontecimientos de 1965. Uno es el concierto que con el Quinteto ofrece en el Philarmonic Hall of New York, dando a conocer la Serie del Diablo y la completada Serie del Ángel, además de “La mufa”. A su vez, graba en Buenos Aires una serie de excepcionales composiciones suyas sobre poemas y textos de Jorge Luis Borges (con su mitología de cuchilleros de arrabal), con el cantor Edmundo Rivero y el actor Luis Medina Castro. Ese mismo año dio a conocer “Verano porteño”, primero de los valiosísimos tangos que conformarán las Cuatro Estaciones.

Comienza luego su producción con el poeta Horacio Ferrer, con quien creó la operita “María de Buenos Aires” (que comprende el admirable “Fuga y misterio”) y una sucesión de tangos. En 1969 lanzaron “Balada para un loco” y “Chiquilín de Bachín”, que de pronto le proporcionaron a Piazzolla éxitos masivos, a los que no estaba habituado. Ese año los grabó por partida doble, con la cantante Amelita Baltar y con el cantor Roberto Goyeneche.

En 1972, en otro gran momento de Piazzolla y tras haber registrado el año anterior el magnífico LP “Concierto para quinteto”, formó Conjunto 9, con el que grabó “Música contemporánea de la ciudad de Buenos Aires”, como trascendiendo la discusión sobre la tanguidad. Los álbumes que realizó ese noneto incluyen los sobresalientes “Tristezas de un Doble A”, “Vardarito” y “Onda nueve”. Tras abandonar nuevamente la Argentina, Astor inició su fructífera etapa italiana, donde entre otras obras dio a conocer “Balada para mi muerte”, con la cantante Milva, “Libertango” y la conmovedora “Suite troileana”, que escribió en 1975 bajo el impacto que le causó la noticia de la muerte de Troilo.

Tres años después compuso y grabó con orquesta una serie de obras dedicadas al campeonato mundial de football, esa vez disputado en la Argentina, durante la sangrienta dictadura militar implantada en 1976, que manipuló políticamente ese torneo. Se trató de un deplorable paso en falso de Piazzolla.

En 1979, de nuevo con su quinteto, presentó “Escualo”, entre otros temas. A lo largo de aquellos años y los siguientes, Astor unió su talento al de artistas de diversos orígenes, como George Moustaki (para quien compuso los bellísimos temas “Hacer esta canción” y “La memoria”), Gerry Mulligan y Gary Burton. Entre otras variadas performances, el disco recogió una apoteótica actuación del quinteto en 1987 en el Central Park de Nueva York. La última formación de Piazzolla fue un sexteto, que sumaba un segundo bandoneón al quinteto y reemplazaba el violín por el violoncello.

Además de obras de concierto y música para cerca de 40 películas, Astor concibió numerosísimas piezas breves (tangos o no) omitidas en esta apretada reseña. Entre ellas figuran “Juan Sebastián Arolas”, “Contrabajeando” (escrito con Troilo), “Tanguísimo”, “La calle 92”, “Oblivion”, “Años de soledad”, “Los pájaros perdidos”, “Lunfardo”, “Bailongo”, “Vuelvo al Sur” y la serie “La camorra”. Bucear en la inmensa obra de Piazzolla, encontrar partituras y arreglos o idear otros nuevos es hoy la fascinante tarea de músicos de todo el mundo.

por Julio Nudler

Fuente :www.todotango.com

Astor Pantaleón Piazzolla (Mar del Plata, 11 de marzo de 1921 – Buenos Aires, 4 de julio de 1992) fue un bandoneonista y compositor argentino.

Discos:

1967 – La Historia del Tango Vol.2 / Época Romántica

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1968 – Maria de Buenos Aires

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1974 – Summit – Gerry Mulligan / Astor Piazzolla

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1975 – Suite Lumiere/Suite Troileana

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1977 – Persecuta

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1977 – Armaguedon

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1982 – Piazzolla/Goyeneche En Vivo En Teatro Regina

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1986 – Tango Zero Tour

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1988 – Sur

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1988 – The Rough Dancer and the Cyclical Night

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Password: tuchinsky.blogspot.com

1989 – La Camorra

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1991 – Five Tango Sensations

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1991 – Piazzollissimo 1979-1983

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1992 – Homenaje Vol.1

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1992 – Luna

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1993 – Suite Punta Del Este

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1994 – The Central Park Concert

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1995 – Ensayos

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1995 – Piazzolla Classics -Tango Sensations

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1996 – 57 Minutos con la realidad

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1997 – Piazzolla En el Teatro Colon

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1997 – Libertango

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1997 – Muerte Del Angel

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Frente a Frente – Astor Piazzolla y Atilio Stampone
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Milonga del Angel
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Revolucionario- Lo que vendra
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Revolucionario- Los Clasicos
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Revolucionario- Piazzola-Goyeneche
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El Tango – Astor Piazzolla y su Orquesta – Canta Edmundo Rivero – Textos: Jorge Luis Borges

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Grandes Exitos
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Fuentes:
http://homepage2.nifty.com/mitsu-sa/discografia_p85.htm
http://www.piazzollazzo.com.ar/discografia/alfa.htm

Fuente : beneorock
http://www.taringa.net

Asi lo recuerda el Mundo

Venezuela amó a Piazzolla mucho antes que Argentina

El músico y compositor argentino cumpliría hoy 90 años de nacido
Se presentó por primera vez en Venezuela en 1971 con el Festival de Onda Nueva de Aldemaro Romero (Archivo)

ANDREA C. FERNÁNDEZ S. | EL UNIVERSAL
viernes 11 de marzo de 2011 12:00 AM

Hoy no hay músico que se atreva a componer un tango sin antes haber revisado la obra del prolífico Astor Piazzolla, quien hoy estaría celebrando sus 90 años edad. Músicos venezolanos tuvieron la oportunidad de compartir con el bandoneonista y compositor argentino en su paso por Caracas y guardan como un tesoro la experiencia.

El director y compositor Juan Carlos Núñez fue uno de los privilegiados en compartir con el creador de Adiós Nonino. “En el Primer Festival de Onda Nueva (1971), Aldemaro Romero trajo a Piazzolla. Estaba practicando la orquesta de onda nueva y al final solo quedaron los cinco músicos de Astor, comenzaron a ensayar y las casi 100 personas que estábamos en el teatro los rodeamos y nos parecía mentira que ellos, tocando sin partituras, tuvieran esa capacidad de virtuosismo y complejidad. Cinco músicos aplastaron a la orquesta de Milton Nascimento. Astor era como un extraterrestre, era demasiado perfecto”, apunta el músico, que se conmueve al recordar el momento.

Núñez quedó impactado con la obra El hombre de la esquina rosada y revela que Caracas fue el trampolín del compositor de La muerte del Ángel nacido en Mar de Plata en 1921. “Esto no se dice nunca, pero en esa época Piazzolla era un hombre execrado en Argentina, golpeado, me lo dijo él. A los argentinos no les gustaba, lo consideraban loco, un hombre disociado. Y Caracas fue la primera ciudad de Latinoamérica en abrirle las puertas para que se presentara como el maestro que era. Él quedó sorprendido con que su música se conociera aquí”, señala Nuñez, que compartió con Piazzolla a finales de los años 70 cuando ofreció un concierto en la Universidad Central de Venezuela. “Fue una presentación extraña y nosotros estábamos enloquecidos, fue como un sueño”, dice.

Otros de los afortunados en compartir con el genio del tango fue Antonio Sánchez junto con su esposa Soledad Bravo. “Soledad fue amiga de Piazzolla y estuvimos a punto de grabar un disco con él”, dice Sánchez. “Hubo una relación de afecto con él cuando estuvo en España en 1976. Fuimos varias veces a verlo actuar y luego acá en Venezuela”, recuerda el esposo de la cantante Bravo.

“Soledad siempre fue admiradora de la obra de Piazzolla, gran compositor que renovó el tango, que le dio el aspecto de modernidad que requería el género que necesitaba estar a la altura de Buenos Aires. Y por eso disfrutó mucho de su amistad con él”, finaliza Sánchez quien apunta que Bravo cantó Chiquilín de Bachín y Los paraguas de Buenos Aires el concierto homenaje realizado en Argentina luego de la muerte del músico en 1992.

Fuente: http://www.eluniversal.com

10/03/2011 HOMENAJE
Piazzolla, el inmortal
Mañana, el bandoneonista cumpliría 90 años. Artistas locales y nacionales revisionan su legado. Mariano Smolarczuk – Diario de Cuyo

Melancolía atrevida, visión casi electrónica y agallas revolucionarias (y tempestivamente subestimadas). Son los inevitables rasgos de Piazzolla; ese bandoneonista y compositor que innovó los cimientos del tango, nació el 11 de marzo de 1921 y falleció un 4 de julio de 1992, aunque su influencia permanece intacta. Al menos y acoplados a los múltiples homenajes en adhesión a la fecha, diversas personalidades de la jerga arrabalera charlaron con DIARIO DE CUYO para festejar sus teóricos 90 años con la misma pasión (y controversia) que despierta su inoxidable “Adiós Nonino”.

“Gracias a Dios vino a mostrarnos otra manera de tocar el tango. Fue un gran adelantado para la época. Creo que habla al mismo nivel que Mozart o Beethoven”, aseguró el cantante Claudio Rojas recordando que Balada para un loco “es el tango que más me pide la gente” y que

hace algunos años ofreció en el Auditorio el “Encuentro Gardel-Piazzolla” junto al conjunto Pie de Palo “para mostrar su filosofía tanguera”. Hábito de convicciones que también subrayó Mora Godoy, la reconocida milonguera, reafirmando sus instintos visionarios.

“Siempre siguió con la seguridad de que lo que hacía estaba bien y le gustaba. De hecho, el mundo entero, interpreta sus composiciones porque es un gran referente de la música de Buenos Aires”, agregó la eximia bailarina de 2X4 que lo considera su “máxima inspiración” y adora bailar su Libertango.

Gran parte de la niñez del políglota Astor, transcurrió entre la apabullante Nueva York -ahí se hizo amigo de Gardel (1934)-, la exploración del jazz, la necesidad de Bach y una sólida formación de armonía y música clásica y contemporánea. Cimentación ideal para terminar haciendo posteriormente los arreglos orquestales para el maestro Aníbal Troilo y asomar su etapa más crítica y vanguardista: los años “60 y “70. En esas décadas rebeldes y bajo la complicidad de su robusto bandoneón, proliferó sus composiciones y logró innovar al tango en lo que respecta a ritmo, timbres y armonía. Aggiornamiento que, muy a su pesar, no gozó de la bienvenida de sus pares ortodoxos.

Astor -si se quiere, semejanza milimétrica de Osvaldo Pugliese- cimentó los constantes ataques de la “vieja guardia” tanguera y tal fue la resistencia de sus colegas que no sólo lo erradicaron de las radios sino que hasta lo apodaron “el asesino del tango” -mote paradojal si se tiene en cuenta que revitalizó su trascendencia a escala global-.

“Destruye la esencia del tango. Es un irreverente”, se escuchaba decir en la boca de los comentaristas de otrora y a la par de algunas compañías discográficas que rechazaban sus obras.

“Creo que es natural que cuestionaran su aporte. La gente del tango tradicional lo veían como una cosa extraña, pero gracias a él se han abierto otras puertas y el género se ha renovado. Si bien, no era bailable a modo tradicional, sus fusiones enriquecieron su danza”, reflexionó Gerardo Lecich, coreógrafo del Ballet San Juan Nuestro Tiempo.

“Es criticado porque hizo. Si el que hace es criticado, imaginate el que hace algo nuevo y rompe con un modelo y es absolutamente vanguardista”, adhirió Godoy.

En definitiva, esta fecha deja un moraleja: el triste adiós de Piazzolla puede ser tan sensible como su arte, pero tan feliz como su eternidad. Y eso es tan vital como un nacimiento.

Conociendo un poco mas a Astor Piazzola de la mano de su nieto …

“A mi abuelo le hicieron la vida imposible”
09.03.2011

El 11 de marzo Astor Piazzolla cumpliría 90 años. Su nieto, a quien se lo reconoce como uno de los mejores bateristas del país, recuerda sus primeros pasos en la música de la mano del gran maestro. Su formación en Los Ángeles y la presión del apellido.

Por Denise Tempone.

Cuando, con tan sólo 19 años, Daniel “Pipi” Piazzolla aterrizó en el Musicians Institute de Los Ángeles, cargaba una presión enorme en sus espaldas. Su padre, el pianista Daniel Piazzolla, hijo del mítico Astor, había hipotecado su propia casa para pagarle los estudios en la prestigiosa academia. A Daniel no le había sido fácil aceptar la decisión de su hijo de instalarse un año en el exterior. Recién entendió que venía en serio cuando él rechazó la oferta de un auto con “la mejor batería del país” dentro, para que se quedara.

“Pipi” no se había dejado tentar. Su abuelo Astor le había dicho claramente que si él quería ser músico tenía que estudiar, se tenía que preparar con los mejores y estar a la altura de cualquier circunstancia. Hasta los 19 años -estudiando ocho horas por día y tomando clases tres veces por semana- él creía estarlo, pero justo a esa edad su ego recibió el primer gran golpe. “Mi primer profesor de batería, mi maestro, Oso Picardi, me pidió que lo reemplace en una de sus bandas. Fui al ensayo orgulloso, pero no pude ni arrancar; me pusieron una partitura delante y no entendí nada. Yo leía ritmos pero no leía música, no tenía idea qué era eso. Todos los músicos de la banda podían interpretar menos yo. Me fui casi llorando y hasta pensé en dejar la música, entonces tomé la decisión”, recuerda.

“Pipi” decidió que tenía que estudiar en la meca de los sesionistas a fines de los ‘80, Los Ángeles. Él quería formarse en un contexto donde la gente no conociera su linaje musical y no esperara tanto de él. “Era chico, pero me hice muy consciente de que era mi gran oportunidad de formarme con los mejores y estar a la altura de mi apellido. El tema del apellido era importante, yo sabía que todos me iban a mirar y necesitaba estar listo. Yo quería pasar desapercibido hasta que realmente sintiera que era merecedor de semejante atención, hasta que realmente me llegara la hora”, explica hoy, a los 39 años. Pero la hora llegó bastante antes de lo que se imaginaba. El primer día de clases, enfrente de todos, a un profesor le llamó la atención su apellido y le preguntó a “Pipi” si tenía algo que ver con ese genial músico argentino que burló las tradiciones más inobjetables de la música nacional. Con orgullo, él dijo que sí, que era el nieto. El profesor entonces pidió a los alumnos presentes que se levantaran y le rindieran una gran reverencia con las manos y hasta de rodillas, por compartir la sangre con uno de los máximos exponentes de la música del siglo XX. Supo entonces que no podría escapar a su destino y que debería crecer, foguearse y aprender bajo la mirada atenta de cada alumno y cada profesor que esperaba en su sentido del ritmo y en sus golpes algo, aunque sea un poco, de la genialidad de Astor.

Tocar, solo tocar. “Bajé 12 kilos durante el año que estuve en Los Ángeles, estaba todo el tiempo nervioso, pero además, estaba todo el tiempo tocando. Tocaba diecisiete horas por día, me maté para llegar a la lista de los mejores. Cuando entré a esa clase a la que iban los más destacados yo era el más flojo, pero estudié tanto que logré equipararme y llegar a ser la segunda mejor nota ahí adentro. No vivía por ese entonces, sólo tocaba”, recuerda.

No había sólo presión, claro, había pasión, una pasión que no había comenzado ni en su casa, ni en las salas de ensayo, ni mirando a su padre y a su abuelo tocar juntos, sino en la cancha, cuando iba a ver jugar a su equipo, River Plate. “Yo quería ser el que tocaba el bombo. Me daba tanta emoción escuchar ese bombo, los gritos, las hinchadas, que con mis amigos los reproducía en el colegio, con los papelitos y todo”, recuerda. Y no fue que se dio cuenta de que quería ser baterista sino hasta los 15 años, momento en que también en un estadio, vio el “terrible solo” que hizo el baterista de Rod Stewart.

“Ahí entendí que lo que yo sentía podía transformarse en algo más complejo, en una carrera”, explica. Esa misma semana empezó a estudiar batería con el pequeño impedimento de no tener ninguna. “No tuve batería durante el primer año. Ensayaba pegándole a guías de teléfono y otros dispositivos que me armaba. Durante un año vendí lo que pude. Por ese entonces jugaba al rugby y decidí vender los botines, la pelota…, tenía que llegar a tener 250 dólares para comprarme la batería más trucha”. En ese momento Astor decidió bendecir su decisión. “Un día mi abuelo, que siempre hacía una reunión familiar antes de fin de año me llamó aparte y me dio un sobre diciéndome, ‘tomá, comprate la batería’. En el sobre había un fajo enorme. Yo estaba tratando de llegar a los 250 dólares y ahí tenía 1.400. Ahora podía comprarme la batería de la vidriera, ésa que uno siempre mira y que sabe que no se puede comprar. Bueno, yo tenía la guita pero me la dio un sábado a la tarde y los negocios recién abrían el lunes por la mañana. Esos dos días fueron una tortura”, dice entre risas.

Adiós nonino. Hoy, “Pipi” está sponsoreado y no tiene que pagar por las baterías que toca, pero su mayor orgullo proviene de haberse ganado ese apoyo a fuerza de estudio. “Cuando volví de Los Ángeles empecé a tocar con gente reconocida y me uní a orquestas prestigiosas. A medida que iba mostrando lo que aprendía, más respuesta tenía y más me convocaban. También empecé a dar clases”, resume.

Hoy, a días de viajar a Hong Kong para unirse a la banda de la alemana Ute Lemper, después de haber tocado en el Madison Square Garden con Paquito D’Rivera y de compartir escenario con Chick Corea, él sabe que está a la altura de los desafíos que le presenta la portación de apellido. Y es por eso que junto a la banda que lidera, Escalandrum, se anima a homenajear a su abuelo en un nuevo disco que saldrá en conmemoración de su figura. El disco adaptará el repertorio de Astor, que este 11 de marzo cumpliría 90 años, al propio estilo de Escalandrum, que puede definirse como jazz contemporáneo, ecléctico y hasta deforme.

“Mi abuelo era un tipo muy cabrón, le gustaba pelear, tenía un carácter fortísimo. Si alguien llegaba a mirarlo fijo por la calle, era capaz de agarrarse a piñas, pero ahora entiendo que fue ese intenso temperamento el que le permitió persistir con su música. A él no lo querían, le hicieron la vida imposible y es realmente un mérito haber resistido condiciones tan adversas. Recién comenzó a conocer el éxito a los 60 años, luego de una vida luchando por hacer música. Sin dudas saber eso me inspira y aunque él nunca llegó a escucharme tocar en serio, me gusta pensar que esté donde esté, se siente orgulloso de mí”.

Fotos: TADEO JONES
Fuente: http://www.elargentino.com

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2 comentarios leave one →
  1. Luna permalink
    8 julio, 2012 2:12

    Gracias por compartir !!!

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  1. A 20 años de la Desaparición de Astor Piazzola. « Adribosch's Blog

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