Skip to content

BALNEARIOS ARGENTINOS A FINES DEL SIGLO XIX

13 abril, 2010

NOTAS SOBRE EL PROBLEMA DE LA CREACIÓN DE LOS PRIMEROS BALNEARIOS ARGENTINOS A FINES DEL SIGLO XIX

Foto:by Rodrigo Alejandro Sanz

ABSTRACT

The purpose of this paper is to research into the geographical and historical perspectives of the creation of Mar del Plata, Argentinian first seaside resort established in the late ninetenth century in the southest of Buenos Aires province.

These perspectives (the nature-society relationship and the imaginary-territory relationship) provide new aproaches to the problem of the space difussion of the cultural patterns and also provide new ways about the problem of the connections betwen space, time, society, environment and culture.



Foto:by Rodrigo Alejandro Sanz

RESUMEN

En este trabajo mi propósito ha sido ensayar otra lectura para comprender el proceso historico-geográfico de surgimiento de los pueblos balnearios argentinos creados en la costa sudeste de la provincia de Buenos Aires. Esta lectura partió de la base de que eran insuficientes los abordajes tradicionales de dicho proceso que se basaban en la especulación territorial o en la imitación de experiencias balnearias uruguayas o europeas. Aunque no es posible negar que dichas perspectivas aportan una parte de la explicación, en esta oportunidad he preferido destacar el papel del imaginario social, de la nueva articulación entre sociedad y naturaleza y de la importancia de aplicar otros abordajes relacionados con la investigacion del espacio, la cultura, el medio ambiente y la sociedad.

I. Introducción: descubriendo “criaturas que no hemos visto nunca”

“Proust decía que la construcción del pasado contiene “criaturas que no hemos visto nunca”, por eso un trabajo histórico hace emerger justamente la figura de “lo nuevo”. No reconstruye el pasado sino que construye un contexto en el cual el pasado puede vivir en este “incógnito”, en este “nuevo”, que al principio era invisible a la mirada.” (2)

Soy un geógrafo que desde 1991 viene indagando el proceso de producción del espacio urbano en relación con el proceso de reproducción social principalmente en el ámbito de los asentamientos turístico-balnearios de la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires. En todos mis trabajos anteriores, que se han distinguido temáticamente por el recorte territorial particular recién mencionado, me he esforzado por redefinir y reivindicar la noción de espacio urbano a la vez que he tratado de actualizarlo conectándolo: (a) desde el punto de vista teórico-conceptual, con los últimos abordajes de las ciencias sociales (Foucault, Giddens, Coraggio, Bourdieu, Pradilla, etc.) y con cuestiones de mayor envergadura (como el proceso de reproducción social); (b) desde el punto de vista metodológico-operativo, con una perspectiva y un trabajo interdisciplinarios: tanto a partir de elementos tomados de abordajes tales como la relación sociedad-naturaleza, la relación imaginario-territorio, el poder, el materialismo histórico, la historia cultural urbana, la descripción densa y la microhistoria, como también a partir de una experiencia concreta y permanente de trabajo interdiciplinario.

De ahí que mi propuesta es esencialmente estudiar, siempre desde una perspectiva histórico-geográfica, el proceso de producción del espacio urbano a partir de la noción de estrategias y prácticas, lo cual se apoya principalmente en un énfasis en el microanálisis de las relaciones de poder, el papel del medio ambiente, y la contribución de la cultura.

El objeto de estudio que analizo en este trabajo es un tipo de asentamiento urbano particular, de aparición tardía en el sistema urbano argentino (fines del siglo XIX). Se trata de los primeros pueblos balnearios del sudeste de la provincia de Buenos Aires, y entre estos Mar del Plata, por ser el primerísimo y más importante de ellos, existiendo hasta nuestros días como una importante metrópoli regional que todavía conserva actividades balnearias y turísticas.

El problema de investigación merece un mayor nivel de detalle. Como puede leerse en el título de este artículo, el problema es la creación de los primeros pueblos balnearios del sudeste de la provincia de Buenos Aires a partir de 1880 aproximadamente. Pero ¿por qué este hecho puede constituir y ser abordado como un problema histórico-geográfico? El carácter problemático de este hecho posee distintas capas o estratos.

Una capa del problema consiste en investigar los primeros pueblos balnearios como una nueva forma de organización social. En otras palabras, se trata de la aparición de un nuevo tipo de asentamiento urbano basado en una valorización de elementos naturales hasta entonces desaprovechados: las playas. Esta capa del problema que admite un primer abordaje a partir del análisis hitórico-geográfico de la relaciones sociedad-naturaleza, nos puede ayudar a responder interrogantes como esta: ¿Por qué estos nuevos asentamiento de la pampa argentina aparecen y se desarrollan primero en este lugar y no en otros de la dilatada zona costera despreciada por la economía predominantemente agropecuaria?

Otra capa del este problema, se relaciona con lo que tradicionalmente se denomina impropiamente como “origen” de los primeros pueblos balnearios. Se trata de llevar a cabo no un estudio de los “orígenes” sino más bien una genealogía de lo que actualmente conocemos como los asentamientos turístico balnearios de la costa atlántica bonaerense, la cual nos remite históricamente a los primeros pueblos balnearios del Sud Este de la provincia de Buenos Aires. De entre ellos, Mar del Plata, Miramar, Mar del Sud y Boulevard Atlántico, se destaca el primero por ser allí donde emergió más tempranamente una nueva forma cultural, la cultura de la playa, en correspondencia con una nueva forma urbana, el primer pueblo balneario de fines de siglo XIX. Esta capa del problema puede ser abordada a través del examen de lo que yo denomino la relación imaginario-territorio. Dicho abordaje puede ser de utilidad para responder cuestiones como: ¿Por qué no es adecuado hablar del surgimiento de estos nuevos pueblos como una mera imitación de experiencias localizadas en otras latitudes (Francia y los Estados Unidos)? ¿Por qué hay que poner atención en el proceso de formación de una nueva forma cultural, en la lenta elaboración de una original “cultura de la playa”, que recurre a los “motes retumbantes” en busca de una legitimación social e incorporación en las prácticas culturales de la clase alta argentina¿

Otra capa, es la que se relaciona con el proceso de transición que transformó algunas estancias o establecimientos agropecuarios preexistentes en franca decadencia, en pujantes pueblos balnearios (como Mar del Plata) o en proyectos de urbanización que luego fracasaron (como Mar del Sud y Boulevard Atlántico). En el caso de Mar del Plata, es interesenate advertir que esta transición no se llevó a cabo sin conflictos o resistencias, vale decir en una única dirección (hacia el balneario), sino que durante algunos años coexistió con el proyecto de una ciudad-puerto. Este proyecto recién se concretará años después y localizándose fuera de la zona de las playas principales. Asimismo es posible conectar la noción de transición con la de cultura. En efecto, en los comienzos de los procesos de cambio social nunca hay un solo tipo de transición: siempre encontramos una mezcla de movimientos de resistencia y asentimiento al cambio que afecta a la cultura entera.

Por esta razón me parece apropiado plantear el problema en términos de “creación”, para destacar la capacidad estructurante de la cultura y de sus significaciones imaginarias y representaciones sociales sobre la sociedad y el espacio.

En cuanto a la metodología y al marco teórico conceptual empleado, me interesa remarcar dos puntos de importancia:

a) Tanto la metodología como el marco teórico conceptual utilizado nos permiten reconsiderar un objeto de estudio y un problema en particular (los asentamientos turísticos balnearios de la costa atlántica bonaerense y la creación de los pueblos balnearios del sudeste de la provincia de Buenos Aires a fines del siglo XIX), proporcionándonos un punto de vista diferente al comunmente aceptado por considerar en la explicación la mayor cantidad posible de capas constitutivas de los fenómenos histórico-geográficos.

Pero además, esta metodología y este marco teórico conceptual

b) proporcionan los principios prácticos y los ejemplos de aplicación de un abordaje de problemas histórico-geográficos y de sus objetos de investigación afines a partir del análisis integrado de sus capas espaciales, ambientales, económico-sociales y culturales.

Recordando unas palabras de Marcel Proust, yo diría que tal vez este abordaje podría ayudarnos a descubrir en el pasado “criaturas que no hemos visto nunca”.

El trabajo que presento a continuación constituye una reelaboración de una investigación desarrollada en el seno del grupo de investigación sobre Historia Cultural de Mar del Plata de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Centro de Estudios, Históricos, Arquitectónico-Urbanísticos. Una versión considerablemente reducida de dicha investigación se encuentra a punto de ser publicada por la editorial Alianza integrando un libro editado en Buenos Aires por Fernando A. Cacopardo titulado Mar del Plata, ciudad e historia: apuestas entre dos horizontes.

II. Particularidades físicas e históricas de la región de pertenencia

El escenario de esta investigación está constituido por uno de los principales estados de la república Argentina que posee una ribera fluvial seguida de un amplio litoral oceánico: la provincia de Buenos Aires. Con una superficie de 307.571 kilómetros cuadrados, esta unidad política de segundo orden, que se encuentra encuadrada dentro de un bioma de llanura herbácea con clima templado oceánico conocido como región de la pampa húmeda, posee en su zona nordeste una ribera fluvial, sobre el Río de la Plata (de 385 kilómetros de longitud), que se extiende entre el delta del río Paraná y la punta norte del cabo San Antonio. La ribera marítima sobre el océano Atlántico (con un a extensión de 1.281 kilómetros de largo), se prolonga desde la punta norte del cabo de San Antonio hasta la desembocadura del río Negro. En líneas generales, la ribera marítima, continuación de una extensa llanura, no presenta condiciones naturales para la localización de puertos de aguas profundas por ser sus costas bajas y recorridas por cordones dunícolas. Este detalle, acompañado de otras circunstancias de índole histórica que por razones de espacio no puedo desarrollar aquí, motivó que el centro de poblamiento de esta provincia estuviera localizado sobre su ribera fluvial, más precisamente alrededor del puerto de la ciudad de Buenos Aires, fundada por primera vez en 1536. Por el contrario, la costa atlántica permaneció sin poblar hasta fines del siglo XIX cuando se crean los primeros pueblos balnearios luego de un proceso de valorización y apropiación de las tierras al sur del río Salado para incorporarlas a una pujante economía agropecuarias. Sin embargo habrá que esperar hasta la década de 1940 para que se retome la idea de la fundación de asentamientos, cuyo principal atracción serían las playas, para que comiencen a aparecer nuevos proyectos. En la actualidad, el mapa de la provincia de Buenos Aires señala una veintena de balnearios repartidos a lo largo de la costa atlántica. Entre estos cabe mencionar, de Norte a Sur, a San Clemente del Tuyú, Las Toninas, Santa Teresita, Mar del Tuyú, Costa del Este, Aguas Verdes, La Lucila del Mar, Costa Azul, San Bernardo, Mar de Ajó, Pinamar, Ostende, Valeria del Mar, Cariló, Villa Gessell, Mar Azul, Belmes, Mar de Cobo, Santa Clara del Mar, Mar del Plata, Chapadmalal, Miramar, Boulevard Atlántico, Los Angeles, San Cayetano, Orense, Reta, Oriente, Quequén, Necochea, Sauce Grande, Claromecó, Monte Hermoso, Pehuen Co.

III. La percepción de la costa atlántica bonaerense hacia 1882

La percepción de la costa atlántica bonaerense como territorio para la localización de pueblos no era muy favorable hasta que esta zona de la campaña se incorporó al imaginario social de fines del siglo XIX con la transformación de Mar del Plata en villa balnearia de la clase alta argentina y con su vinculación al proyecto de modernidad periférica de la Generación del Ochenta. Existían por lo menos dos factores que ayudan a comprender dicha percepción desfavorable y al parecer generalizada (a excepción de lo ocurrido con algunos pioneros) del poblamiento de las costas de la provincia de Buenos Aires.

Por un lado, el tema del nivel técnico de la sociedad relacionado tanto con los modos como con el estado (segmentario) de la red de vías de comunicación y medios de transporte existentes en esa época y, por otro lado, las representaciones o ideas sobre aquella dilatada franja del territorio que no presentaba ningún atractivo ni para los agricultores ni para los ganaderos. En efecto, el espíritu de la Ley de Ejidos de 1870 predominaba en la Legislatura provincial y se manifestaba o se imponía en las discusiones sobre la fundación de pueblos por parte del Poder Ejecutivo. En esta línea de ideas, la elección del sitio para localizar los nuevos pueblos de campaña era funcional a la adyacencia de caminos, vías férreas, centros de población mayores o, excepcionalmente, puertos. No existiendo estos requisitos previos era muy difícil que se fundara un pueblo nuevo. Toda la ribera atlántica carecía de estas condiciones (vías y medios de comunicación, aptitudes para la agricultura) hacia mediados de la década de 1880.(3) Fuera de la instalación de puertos, la racionalidad económica de la época no admitía ninguna otra utilidad para las costas bonaerenses. Mucho menos clara, para la época, era la utilidad de las playas: para estas no se percibía ningún puesto de interés económico en la interacción sociedad-naturaleza. Si el lema de la Generación del Ochenta era “poblar es gobernar”, no cabe duda de que el poblamiento era también y sobre todo para civilizar y producir, de ahí que, visualizadas entre las zonas improductivas del país por su propia clase gobernante, las áreas costeras no merecieran salir de la categoría de desierto.

“En la costa marítima ¿hay algún pueblo que prospere?”(4)

Con motivo de la iniciativa por parte del Poder Ejecutivo de la creación de doce pueblos, se produce en la Cámara de Senadores de la Legislatura bonaerense una discusión por el sitio en que debía localizarse uno de esos nuevos pueblos a fundarse en el partido del Tuyú con el nombre de “Dorrego”.(5) En dicha circunstancia fueron presentados dos proyectos de localización, uno de ellos provenía de la Comisión de legislación de esta Cámara Legislativa y se apoyaba en informes elaborados por el Departamento de Ingenieros de la Provincia de Buenos Aires, mientras que el otro proyecto había sido presentado por la Cámara de Diputados a instancias de la Municipalidad del Partido, dos ingenieros designados por dicha Comuna (uno de los cuales era miembro del Departamento de Ingenieros) y las notas de dos vecinos cursadas al Poder Ejecutivo.(6) Este último proyecto quería emplazar al pueblo en campos de Carlos Guerrero (antes Martín Alzaga) y Nicolás y Juan Anchorena, señalados en el Registro Gráfico de la Provincia con los números 104 y 105(7) –establecimientos del Tala y Juancho– a la altura de la población conocida por “San Martín” cerca de la laguna de Juancho, a una distancia de 15 ó 16 leguas de Maipú. El proyecto de la Cámara de Senadores, en cambio, opinaba que el mejor lugar era sobre el deslinde de los campos de Aguirre y Anchorena(8) a 6 ó 7 leguas de Maipú y en inmediaciones de la laguna del Tala

El sitio propuesto por la Cámara de Diputados se encontraba cerca de la costa, mientras que el que se proponía desde la otra Cámara se hallaba en el interior del partido y más cerca de Maipú. En el debate entre los dos proyectos saldrán a la luz los dos factores antes mencionados, el del nivel técnico de los medios de transporte y vías de comunicación y el del imaginario social. Con respecto al primero de estos factores, el proyecto de Diputados localizaba el pueblo a quince leguas de la estación de ferrocarril más próxima, en el pueblo de Maipú (partido homónimo), mientras que el proyecto de Senadores lo localizaba a siete leguas de la misma estación. Además, si nos basamos en los testimonios esgrimidos en el Senado, los terrenos próximos a la costa carecían de aptitudes para la ganadería y la agricultura y presentaban características pantanosas, lo cual determinó que finalmente se eligiera el lugar más alejado de la ribera.

Hay que destacar que para sostener el proyecto de senadores se insistió demasiado en las características negativas de los terrenos en general, mientras que en realidad el sitio destinado al pueblo era apto pero no ocurría lo mismo con la zona circundante, inapropiada para la agricultura.(9) En los testimonios registrados en las actas de sesiones puede verse cómo los argumentos técnicos comienzan a traspasar la frontera de lo imaginario dando como resultado una percepción negativa de la costa atlántica de la provincia y un rechazo general e infundado de la idea de fundar pueblos sobre la costa atlántica bonaerense.(10) Lo infundado de esta percepción resaltará aún más cuando a partir de 1886 se ponga en marcha el proceso de surgimiento de los pueblos balnearios al Sudeste de la provincia de Buenos Aires. Uno de los Senadores, el Senador Roca, fue el primero que en el transcurso de esta sesión manifestó lo inadecuado del sitio costero basándose en que “allí no estaría convenientemente situado, por cuanto quedaría en un extremo del partido, cerca del Océano y rodeado de médanos”. Otro de los Senadores fue un poco más exagerado, proponiendo directamente que el pueblo de Dorrego no se funde ni siquiera un poco más cerca de la estación del ferrocarril más próxima. Ante esta propuesta, un tercer Senador responde que “toda la costa del mar sobre el Tuyú, con excepción de la parte extrema Sur, es completamente inabordable para los buques; es una cadena inmensa de médanos en la costa y de bajos fondos sobre la orilla del mar, lo que hace completamente imposible formar allí un puerto, aún cuando fuese con grandes erogaciones. Por consiguiente, no hay ni remota esperanza de que en aquel punto sea posible fundar un pueblo, cabeza de partido sobre la costa del mar”(11)Aquí nos interesa destacar también, por el tenor de sus ideas sobre la posibilidad de progreso de los pueblos costeros, las expresiones del Senador (José) Hernández:

“No es un misterio para la provincia, que en la inmensa extensión marítima desde Buenos Aires a Bahía Blanca no hay ningún punto a donde haya podido fundarse un pueblo.(12) ¿Por qué? Porque nuestras costas son inaccesibles como costas marítimas. Así es que dividiendo la provincia de Buenos Aires en las tres divisiones posibles para la fundación de pueblos, tendremos estos: costas marítimas desde Buenos Aires a Patagones, costas fluviales desde Buenos aires a San Nicolás, y en el centro las vías férreas. ¿Dónde están los pueblos que prosperan? ¿Dónde están los pueblos que vienen con su contingente a aumentar el desarrollo y el progreso de la provincia? Están sobre la costa fluvial de San Nicolás a Buenos Aires. Están sobre las vías férreas, cómo están Mercedes, Chivilcoy, el Azul y como están todos los pueblos interiores de la provincia. En la costa marítima ¿hay algún pueblo que prospere? ¿O no sabían los que elegían terrenos para fundar setenta pueblos elegir ninguno?” (13)

Tanto las apreciaciones del famoso autor de Martín Fierro (1872) e Instrucción al estanciero (1882), así como las que se expusieron precedentemente nos indican el rechazo de las zonas costeras del Océano Atlántico. Gran parte de este rechazo proviene de las representaciones sociales ligadas al imaginario de aquel momento, a lo cual se sumaban consideraciones de tipo técnico con las que se justificaba a las anteriores. Por ejemplo, para Hernández también era ilusorio pensar que el ferrocarril pudiera llegar algún día a las áreas costeras ya que

“el giro que ese ferro-carril lleva en su desenvolvimiento no es hacer ramales a una costa estéril, a una costa donde no pueden jamás llegar buques, a donde jamás podrá formarse ningún centro de población; es por el contrario, llevar ramales a otras partes del territorio, en donde por medio de la agricultura, por medio del trabajo de la tierra se levanten centros de riqueza. […] No es eso lo que racionalmente debe esperarse de una compañía inglesa que tiene un criterio práctico sobre sus verdaderas conveniencias.” (14)

Después de haber recuperado los argumentos principales de este debate podemos remitirnos al mencionado Registro Gráfico de la Provincia de Buenos Aires para localizar su escenario geográfico y obtener otros elementos de juicio que nos permitan separar lo real de lo imaginario.(15)Al examinar dicha fuente cartográfica llaman la atención algunos detalles. En primer lugar, la cercanía relativa con respecto a la franja costera donde tiempo después surgirán los primeros pueblos balnearios del país. En segundo lugar, advertimos que la localización propuesta por la Comisión de la Cámara de Senadores incurre en una sospechosa omisión al indicar el nombre de los propietarios de los campos en cuyo deslinde propone emplazar al nuevo pueblo. En efecto, se abstiene de indicar que el otro propietario no es “Aguirre” sino “Mercedes Anchorena de Aguirre”, con lo cual hablar de un deslinde puede parecer irónico si se tiene en cuenta que los otros propietarios pertenecen a la misma familia: en efecto, Nicolás y Juan Anchorena están emparentados con Mercedes. Los senadores habían creado otra laguna… sólo que esta no era tan inocente como la del Tala, como la de Juancho o el resto de los elementos naturales.

En tercer lugar, se comprueba lo arbitrario de la evaluación negativa del sitio propuesto para el emplazamiento por Cámara de Diputados. En las inmediaciones de la laguna de Juancho, el Registro Gráfico no indica cangrejales, ni pantanos. Sólo una estrecha franja en sentido Este-Oeste junto a la laguna del Tala es inundable, siendo el resto terreno alto, dotado de vegetación arbórea y en consecuencia libre de médanos y dunas vivos. Al parecer, tanto Nicolás D. Herrera como M. Errecarrebarre decían la verdad en sus cartas. Tal vez, la verdad sólo podía ser oída cuando formaba parte del poder (los intereses terratenientes de los Anchorena) y del saber (para nada objetivo ni neutro) de los informes técnicos de los legisladores e ingenieros. Pero hoy sabemos que en la elaboración y la formulación de la “verdad” también interviene el imaginario.(16) Y evidentemente todavía no había un lugar en el imaginario para pensar otra clase de pueblos –otro tipo de modelo de urbanización– relacionados con las playas marítimas de otra manera que no fuera ligados a la existencia de un puerto o algún tipo de producción primaria, que asegurase el “progreso” según lo entendían nuestros legisladores. Paradójicamente, pocos años más tarde, también van a entrar en la categoría de progreso el dotar a la provincia con pueblos balnearios. Estos van a convertirse en centros de inversión de Bancos y Sociedades Anónimas, de intervenciones urbanísticas gubernamentales y en concurridas y rentables estaciones de ferrocarril.

Pero, hasta entonces, un estanciero como Patricio Peralta Ramos,(17) quien solicita el 14 de noviembre de 1873 una licencia para traza y formación de un pueblo en tierras de su propiedad, tendrá que movilizar todas sus influencias y poner toda su imaginación al servicio de la convincente aunque exagerada descripción de las riquezas naturales que existían en las inmediaciones –supuestamente embargadas por sus muchos acreedores– y que le auguraban al pequeño poblado de campaña, no al que ya existía, sino al que él quería crear, un futuro de progreso: es decir, con puerto y estación de ferrocarril.(18) Un año después de la disputa sobre el pueblo de Dorrego va a iniciarse el proceso de transición urbana de Mar del Plata hacia un pueblo balneario, proceso que fundamentalmente será el resultado de la promesa de llegada del ferrocarril, de la crisis de las actividades agropecuarias y del saladero, y de la irrupción de otras forma de articular la naturaleza y la sociedad y el territorio y el imaginario. A partir de aquí estimo que puede encontrarse el momento de procedencia(19) del asentamiento turístico balneario de la costa atlántica bonaerense, un elemento clave para criticar el mito de los orígenes de la actividad balnearia en Mar del Plata.

IV. “Algún mote retumbante ha de tener”.(20) Crítica al mito de los orígenes

Según el mito de los orígenes de la actividad balnearia en Mar del Plata, esta surgió durante la década de 1880 como imitación de experiencias ya sea anteriores existentes en algunos países de Europa como Francia (Biarritz, Trouville) fundamentalmente, o contemporáneas en la costa uruguaya del Río de la Plata (Pocitos). Pero esta perspectiva no considera que, aunque pudo haber existido cierto grado de mimesis, las culturas, como las ciudades, no pueden imitarse pues no son recipientes pasivos sino que son configuraciones sociales capaces de crear pautas culturales singulares resignificando aquellos elementos que han recibido de otras culturas. El mito de los orígenes, en este caso, opera por identificación con fenómenos similares existentes en otras latitudes y tiene como cuestionable el hecho de poner todo el énfasis en las semejanzas y ocultar las diferencias. Pero, además el propio hecho de buscar un origen ya es en sí mismo discutible pues por lo general, y sobre todo cuando hablamos de la cultura, esta perspectiva pasa por alto u omite tomar en consideración toda una dispersión de hechos y circunstancias que hacen muy discutibles los resultados de dicho esfuerzo. (21)

En esta línea, uno de los hechos pasados por alto es que no puede comprenderse la aparición de esta cultura singular dejando de lado su relación tanto con un lugar del territorio bonaerense caracterizado por un paisaje singular como con las características del proceso de urbanización de Mar del Plata. De aquí que ya desde la época de su surgimiento en este lugar no pueda entenderse la cultura de la playa independientemente de los esfuerzos encaminados a urbanizar el territorio. Otro hecho, omitido por los representantes de esta perspectiva son las comparaciones que tempranamente se hicieron, no con balnearios europeos ni uruguayos –las cuales fueron realizadas una vez que la cultura de la playa ya se había constituido–, sino norteamericanos (Saratoga Springs y Atlantic City). Estas fueron realizadas muy tempranamente, hacia 1884 y 1887 respectivamente(22)y su desconocimiento indica una voluntad por atribuirle “orígenes” franceses al primer pueblo balneario argentino.(23)

Con respecto a la búsqueda de los orígenes en la costa uruguaya del Río de la Plata, fundamentalmente en la localidad de Pocitos, mi punto de vista es que esta comparación no corresponde primeramente, porque Uruguay tuvo su primera ciudad balnearia sobre el Atlántico en 1890 con la fundación de Piriápolis (Martinez Cherro, 1993).(24) Por lo tanto, hasta entonces no puede hablarse de pueblos balnearios semejantes a la Mar del Plata fin-de-siècle pues con anterioridad a dicho año los centros balnearios uruguayos se relacionaban exclusivamente con la práctica del baño en el río, tal como era costumbre a lo largo de la ribera fluvial desde Montevideo hacia el Este, aprovechando la superior temperatura y claridad de las aguas de la margen oriental del río, así como también ciertas singularidades geomórficas ausentes en las riberas fluvial y marítima de la provincia de Buenos Aires, como su mayor elevación y la existencia de cabos rocosos .

Según Jacob la actividad balnearia uruguaya se inicia “desde los tiempos más antiguos” en el pueblo de Mercedes ligada a las presuntas propiedades terapéuticas de las aguas del Río Negro. En 1868, se inauguraría el primer balneario estival cuando un empresario francés de apellido Giot funda Villa Colón. En 1871, aprovechando la creación de la línea tranviaria del Este se inauguran instalaciones balnearias en playa Ramirez. Luego, con la llegada del ferrocarril. a Santa Lucía el empresario Buschental construye el Hotel Biltmore en 1872. En este mismo año también se funda el Hotel Suizo en Colonia Suiza, y en 1875 se construyen las instalaciones de Pocitos. En 1879 se funda Trouville. Hacia 1890 otro importante financista, el español Emilio Reus construye otro balneario en Montevideo dotado del “majestuoso” Hotel Nacional. A partir de la década de 1890, Montevideo sería conocida como la “ciudad de las playas”.

Pero como podemos ver se trataba de playas de río, y siguiendo a Jacob, lo más tempranamente que podemos datar la actividad balnearia sobre el mar es hacia 1890 con un hotel inaugurado por Pedro Risso en Punta del Este, que en razón de su escaso grado de urbanización recién fue declarado oficialmente pueblo en julio de 1907 ¿Es posible que la tardía conquista de las playas marítimas se haya debido a una apuesta de los bañistas e inversionistas uruguayos por los balnearios fluviales?(25)

García Mollano, en su historia sobre Pocitos, relata que “en los primeros años del siglo, Pocitos no era un barrio de Montevideo. Era un pueblo –un pequeño pueblo–, separado de la ciudad: el “pueblo de los Pocitos”. Sus fundadores habían sido lavanderos italianos” que no habían encontrado sitio en los lavaderos de Acuña y Sauce. Incluso a principios de este siglo “era un pequeño pueblo, de veinte o treinta manzanas, aldea de buenas gentes, de costumbres simples, tranvía a caballo y faroles de kerosene, cuando, muy niño aún me hice su pueblerino, allá por 1904. […] Por lo menos en estos diez años, que corren de 1904 a 1914, el pueblecito de lavanderas e italianos mantuvo sus características, antes de ser el balneario, la localidad balnearia, el barrio residencial, lo que finalmente es hoy”.(26) El autor también relata que en momentos de su llegada a Pocitos existía aún el Gran Hotel de los Argentinos, construido al parecer en 1886 o 1887. Este hotel que había dejado de funcionar años atrás (al menos desde 1902) parece estar relacionado con los inicios de la actividad balnearia en esta localidad, la cual habría perdido intensidad debido a la multiplicación de balnearios fluviales y la creación de Piriápolis.

En comparación con la práctica del baño en el río, el surgimiento de un pueblo balneario sobre las playas del Atlántico parece algo distinto, sobre todo cuando a partir de la actividad balnearia va a estructurarse no sólo la economía y el espacio urbanos sino también la propia sociedad local. También se destaca la importancia emergente del mar en las prescripciones médicas e higienistas, tema que por razones de extensión no podemos desarrollar aquí, pero que también fué un factor relevante como significación imaginaria vinculada a los pueblos balnearios del Atlántico. Sin embargo, es difícil restarle a esta costumbre del baño en el río que se remonta a la época del Virreinato y, en consecuencia, de existencia previa a los primeros pueblos balnearios de la costa atlántica bonaerense, un cierto papel como condición de aparición. Creo que aquí es donde se destaca que la recepción de los productos culturales no produce réplicas ni de los artefactos ni de las prácticas en los cuales se supone que se ha inspirado.

Pero, al contrario de la idea que sostiene que Mar del Plata se “calcó” tomando como referencia dichas prácticas, existe evidencia para inclinarse a pensar que ellas fueron resignificadas o reelaboradas a través de la influencia conjunta de los diversos factores que condicionaron la aparición del primer pueblo balneario argentino así como la difusión del modelo. ¿Si la alta sociedad se bañaba en el río por qué no iba a hacerlo en las aguas mucho más puras del mar? Sobra aclarar que el que lo nuevo (el pueblo balneario) se remita y se revista con este ropaje del pasado o, al menos, pre-existente (el baño en el río), a través del cual logra una primera incorporación en el imaginario no implica reducirlo a ello, ya que lo supera y lo excede.(27)

Idéntico dispositivo se establece al comparar repetidas veces a lo largo de los primeros años de su historia, al pueblo balneario con famosas localidades balnearias del mundo. Saratoga Springs, Atlantic City, Trouville, Biarritz, etc., son nombres invocados, no porque se los tome efectivamente como modelos, sino por el prestigio que darán a las nacientes estaciones balnearias, porque a través de ellos se establece una especie de vía regia de incorporación al imaginario, y esto de forma rápida y eficaz. Así el mito de los orígenes posee una eficacia estructurante sobre las prácticas y los discursos que llega hasta nuestros días. En efecto, esta ficción o relato, logró instituir lo que de otra manera hubiera sido muy difícil de incorporar en el imaginario social, sobre todo cuando se trata de encontrarle un sentido a una creación, a algo nuevo: en este caso un nuevo modelo de ciudad y una nueva cultura ligada a la actividad balnearia. No obstante esta comparación, este recurso a los “motes retumbantes” no podía ocultar su carácter forzado y hasta pantagruélico, tal como lo percibe Paul Groussac al transcribir las reflexiones de Mark Chuzzlewit sobre la comparación entre Atlantic City y Trouville:

“Algunos llaman a Atlantic City el Trouville americano, porque, al cabo, algún mote retumbante ha de tener. Pero el fenomenal campamento yanqui, comparado con la coqueta ciudad normanda, guarda las mismas proporciones que la gigantesca “Libertad” de Bartholdi, en el puerto de Nueva York, respecto a la fina obra maestra que corona la columna de la Bastilla.” (28)

En fin, gracias a la referencia de nombres de centros balnearios europeos y norteamericanos se logró atraer la atención de la clase alta, sensible a las costumbres cultas y en búsqueda de nuevas prácticas de distinción social, hacia un territorio recóndito y desconocido del SE de la provincia de Buenos Aires y legitimar el esfuerzo privado y público por convertir a un pueblo de campaña ligado a las actividades económicas prevalecientes en esa época (agropecuarias) en una elegante villa balnearia de la alta sociedad porteña.

V. El proceso de transición urbana de Mar del Plata. Desde el pueblo de campaña a la cultura de la playa

“Desde luego, sorprende la extensión y actividad de esta población, relativamente reciente. En un cerrar de ojos, están ocupadoslos diez o quince carruajes que volverán, repletos, de la estación hacia la playa por la ancha avenída central. A ambos lados se levanta espaciosos edificios: casas particulares de piedra y ladrillo, hoteles, fábricas, talleres. Muy pocos árboles todavía; pero una pequeña quinta, rodeada de álamos y eucaliptos, con duraznos y otros frutales prósperos, demuestra bastante que a la naturaleza no de debe imputar lo proveniente de la desidia criolla. Está visible que cuando haya aquí quien plante y cuide los árboles, no faltarán parques y jardines hasta la playa.” (29)

A partir de las consideraciones precedentes, es posible sugerir que los pueblos balnearios del Sud-Este de la campaña bonaerense creados a fines del siglo XIX pueden ser considerados como innovaciones relativas con respecto al modelo de urbanización hasta entonces prevaleciente, la “ciudad pampeana”. En efecto, para mí se justifica hablar de diferencias con respecto a la “ciudad pampeana”, no en lo concerniente a las características de su trazado, sino en cuanto a una nueva forma de establecer la articulación entre sociedad y naturaleza a través de la cual tanto las actividades productivas como el significado de estos asentamientos se fundamentan en la incorporación de un nuevo recurso natural al sistema económico y a la cultura urbanas (local y nacional): las playas.

En efecto, estas se incorporaron como recurso natural capaz de animar la economía urbana. Pero también puede hablarse de una invención de la playa como nuevo recurso cultural asimilado primeramente por la clase alta. En base a esta incorporación y a esta invención surgió una configuración social singular que, vinculada a lo que denomino “cultura de la playa” y a una organización del espacio adecuada, definirá de aquí en adelante al pueblo balneario como nueva forma urbana.(30)

Este fenómeno estuvo presidido por una re-estructuración entre los niveles técnicos, culturales, económicos e imaginarios de la sociedad. Esta nueva forma de articulación sociedad/naturaleza ha supuesto no sólo una serie de operaciones técnicas encaminadas a realizarla (intervenciones arquitectónico-urbanísticas, organización del espacio urbano), sino también –y como una de las condiciones fundamentales de la creación de estos pueblos balnearios– la irrupción de significaciones imaginarias nuevas en un contexto social-histórico que, en algunos casos, mediante una práctica instituyente original, se resignificaron utilizando significaciones(31) y prácticas preexistentes a las que bajo ningún concepto se las puede reducir (costumbre del baño en el río, balnearios europeos, etc.).

Ahora bien, el surgimiento de la cultura de la playa fue el producto de un proceso de transición, que generó profundos cambios en la organización del espacio y en la sociedad, desde el primitivo asentamiento dependiente de las actividades agropecuarias hasta el pueblo de la alta sociedad. Las historias de Mar del Plata no registran un tratamiento del proceso de transición urbana que subyace a estos extraordinarios cambios que el asentamiento primitivo experimentó años después. Sin embargo es preciso llenar ese vacío histórico reinterpretando los escasos datos existentes desde enfoques procedentes de otras estrategias explicativas capaces de dar cuenta de la discontinuidad.(32) Los comienzos del proceso de transición urbana estuvieron vinculados a algunos hechos previos que indican la situación socio-económica en que se encontraba el poblado. En la versión original de este trabajo hemos tratado de relacionar de otra manera estas circunstancias (entre ellas, la visita del gobernador Dardo Rocha, la llegada del ferrocarril, el proyecto de expropiación de tierras a P.P. Ramos y P. Luro),(33) casi siempre reseñadas aisladamente y tangencialmente por algunos de los historiadores de Mar del Plata, ya que en ellos subyacen indicios que ayudan a comprender mejor aquel giro inesperado en su evolución urbana. Aquí también es preciso indicar que en sus comienzos el proceso de transición urbana no tuvo una única dirección.

En efecto, junto a la dirección que culminó con la villa balnearia de la alta sociedad porteña coexistió inicialmente otra, luego malograda, que aspiraba a convertir al asentamiento en una pujante ciudad puerto. El triunfo de esta última orientación hubiera significado un futuro distinto para la ciudad, sobre todo por el hecho de que los primeros proyectos portuarios pensaban realizarse frente al pueblo mismo. Pero los dos proyectos ni siquiera llegaron a rivalizar, pues los poderes e intereses que animaban a cada uno eran asimétricos. El Estado central, la ideología, el capital, la clase alta, optaron por la villa balnearia y en consecuencia el otro proyecto fue expulsado hacia el sur y hacia la periferia del ejido. La ilusión de la ciudad puerto recibió dos duros golpes. Uno a nivel nacional y otro a nivel internacional. Con respecto al primero, es importante destacar que en el abandono del apoyo oficial a la construcción de un puerto en Mar del Plata tienen que ver los proyectos gubernamentales para los puertos de La Plata y de Buenos Aires, cuyas leyes datan del 21 y 27 de Octubre de 1882. Con referencia al segundo golpe cabe señalar que el canal de Panamá fue inaugurado poco después que el puerto de Mar del Plata, y así todo el tráfico marítimo internacional, que el puerto local pensaba explotar por su cercanía al estrecho de Magallanes se modificó radicalmente en su contra para siempre.

Según otros indicios (como las tempranas referencias a los balnearios norteamericanos) otra dirección inicial puede haber sido la idea de crear no una villa balnearia aristocrática, sino “democrática y “popular”, una especie de gran campamento norteamericano. Pues, como hemos transcripto en una nota al pie(34), hacia 1884 se ofrecía en la aldea “mar, aire puro, y ninguna etiqueta social”,(35) algo totalmente diferente a las características que pocos años después adoptó el balneario. Al parecer, la aceptación de las comparaciones con los centros balnearios europeos y el rápido olvido de los referentes estadounidenses indican la imposición de un proyecto de cultura urbana totalmente diferente.(36)

“La brisa del mar nos llega de frente, impregnada de humedad salina. Alzamos los ojos, y desde el coche abierto, por la escotadura de la avenida, muy lejos, al confín del horizonte, divisamos un segmento más claro entre la tierra obscura y el cielo matutino, matizado de violeta y rosa: es el Atlántico, el océano cuyas olas, quizá traídas por las corrientes, han entibiadose bajo el sol africano y lamido sus arenas. La sensación es brusca, extraña, grandiosa.” (37)

La relación sociedad-naturaleza se presenta como un esquema explicativo relevante para trazar e interpretar los rasgos y singularidades de los asentamientos turístico balnearios de la costa atlántica bonaerense pues reconduce a la incorporación de un nuevo recurso natural a la economía urbana: las playas. En efecto, es a partir de fines del siglo XIX que la extensa ribera arenosa de la Provincia de Buenos Aires deja de ser tan sólo un elemento natural desaprovechado desde el punto de vista económico para convertirse en la condición del exitoso modelo de urbanización que en nuestro país se inaugura con tres pueblos balnearios decimonónicos antecesores de los numerosos asentamientos que hoy forman el corredor turístico bonaerense.

Como hemos visto más arriba, hacia 1882 la percepción de las costas marítimas bonaerenses se encontraba teñida de un marcado sentimiento de topofobia.(38) Si bien esta afección de la percepción del medio ambiente se relaciona con las significaciones imaginarias y sus representaciones sociales derivadas vigentes en esta época, también debemos destacar la existencia de factores relacionados con las características de la formación económica y social pampeana y con sus reducidos niveles técnicos, sobre todo en esta zona de la campaña, en materia de medios de transporte y vías de comunicación.(39)

En efecto, al mismo tiempo que la carencia de aptitudes para la agricultura y la ganadería mantenía a los ambientes costeros de la Provincia en un estado de marginalidad territorial y económica, la inexistencia de caminos, vías férreas y costas apropiadas naturalmenete para la instalación de puertos explicaba su condición de vacío demográfico o anecúmene en una provincia que ya registraba, sobre todo en su campaña, una baja proporción en la distribución de habitantes por kilómetro cuadrado. Esta situación de marginalidad y vacío demográfico recién comenzará a revertise a través de la emergencia y el éxito de Mar del Plata como centro balneario de la alta sociedad y de la élite gobernante de la Argentina, hecho consagrado con la llegada del ferrocarril en 1886 y la inauguración del lujoso hotel Bristol dos años más tarde.

Si las características que asumió la interacción sociedad-naturaleza nos permite captar la importancia que adquirió la playa como recurso natural recién descubierto, es decir como elemento de la naturaleza incorporado a la economía urbana mediante sendas intervenciones técnicas, un análisis llevado a cabo desde la perspectiva de la relación entre imaginario y territorio reconduce nuestra atención a la invención de las playas como recurso cultural, es decir a su metamorfosis en un capital cultural pleno de abigarrados matices simbólicos y materiales y al surgimiento de correspondientes prácticas de consumo de dicho recurso evolucionando a lo largo del tiempo. Este proceso se vincula primero con la irrupción de nuevas significaciones imaginarias y luego con su sedimentación en representaciones sociales que permiten que el extenso territorio costero de la Provincia de Buenos Aires se incorpore a la cultura de toda una nación.(40)

Como lo he indicado en páginas anteriores, sobre la percepción social de las costas marítimas bonaerenses existían distorsiones provenientes de una falta de contacto con el mar debido a los escasos niveles técnicos en materia de medios de transporte y vías de comunicación, lo cual se veía reforzado por las significaciones imaginarias prevalecientes. En efecto, tal como lo ha señalado magistralmente Corbin (1993) para el imaginario europeo de los siglos XVIII y XIX, la costa, y más precisamente la playa era el lugar donde el encuentro agitado de los elementos de la naturaleza, como la tierra y el mar, despertaba sentimientos de inseguridad, sumándose a esto tanto los relatos y las visiones de los naufragios como las desoladas imágenes relacionadas con el mar transmitidas por las obras literarias y pictóricas ligadas al movimiento romántico.(41) Es posible que estas representaciones sociales del mar provenientes de Europa hayan influido sobre la percepción de los grupos sociales más cultos de la Argentina. Esta situación nos permite comprender el por qué de la existencia, en aquel momento, de una cultura prevaleciente muy distinta ligada a una sensibilidad acostumbrada a los paisajes de las amplias llanuras fluviales y, por ende, indiferente o temerosa si no refractaria, a la percepción y a la valoración de las costas marítimas y sus playas.

Sin embargo, a partir de 1883 comienzan a aparecer interesantes fenómenos que indican cambios en la percepción de las playas sobre el océano Atlántico en un paraje que ni siquiera figuraba en los mapas. Así, Mar del Plata se convierte en treinta años en uno de los proyectos de modernización más importantes de la Generación del Ochenta que la transforman en un elegante resort veraniego de la élite gobernate y la clase alta de nuestro país. El temprano y extraordinario interés demostrado por todos los gobiernos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires desde 1883, el año de la visita a Mar del Plata del gobernador Dardo Rocha, se percibe a través de la magnitud de las inversiones de capital económico, simbólico y cultural,(42) manifestadas primeramente en considerables intervenciones arquitectónico-urbanísticas financiadas por el Estado y por asociaciones privadas (como, por ejemplo, ramblas, parquizaciones, caminos, paseos y otros servicios públicos) que materializaron muy pronto uno de los espacios públicos(43) más completos y ricos del sistema urbano argentino resultante de una voluntad sólo igualada en la construcción de la ciudad de La Plata, inaugurada en 1882. A su vez, esto fue acompañado por la construcción de lujosas residencias de verano, distinguidos hoteles y exclusivos clubs llevados a cabo por una iniciativa privada que manifestaba de este modo su complacencia en la creación del gran balneario argentino.

“La única estación balnearia posible para la República Argentina. […] El único resort marítimo de la república.” (44)

Prosiguiendo con el análisis de algunas de las condiciones de aparición, se debe pretar atención a aquellas ligadas a distintas escalas y escenarios de análisis, más relevantes para comprender el surgimiento de la cultura de la playa son las características geoambientales del sitio donde se emplazó el asentamiento, la crisis de la actividad saladeril; el fracaso de la creación del puerto; el establecimiento en el poblado de Pedro Luro(45), sus inversiones, actividades, proyectos y relaciones; la promesa del ferrocarril, la relación entre ferrocarril, paisaje y cultura; la fundación de La Plata, la construcción del Grand Hotel, del Hotel Bristol y de las primeras ramblas, la segunda epidemia de cólera en Buenos Aires; el papel de las primeras intervenciones arquitectónico-urbanísticas en la formación del espacio público(46) y la visita de Paul Groussac en la Semana Santa de 1887 a Mar del Plata.(47)

Las características geoambientales del sitio donde se emplaza Mar del Plata son de gran importancia por su singularidad con respecto al paisaje de llanura predominante en la provincia de Buenos Aires. En síntesis puede decirse que esa singularidad se caracteriza por el encuentro, en una zona costera de tres kilómetros de largo, de variados elementos como el mar, playas y acantilados, lomas y valles fluviales de escasa expresión. Esta singularidad en la topografía se debe a que Mar del Plata se encuentra emplazada en un área de la provincia de Buenos Aires donde el extremo oriental de las Sierras Septentrionales se intersecta con la costa atlántica.(48) Esto se traduce en un paisaje de lomas chatas y bajas, constituidas por cuarcitas, en dirección NNO-SSE y NE-SO. En consecuencia el área urbana ocupó desde su fundación un valle fluvial que se encuentra rodeado por tres lomas: la de Santa Cecilia (antiguamente Loma de la Chacra) que es la más septentrional y posee una altura máxima de 20 metros, la de Stella Maris (antiguamente Loma de la Hidra), que es la más oriental y posee rumbo NNE-SSO, y la loma del Golf o del Cementerio, de rumbo NNO-SSE, teniendo estas dos últimas unas alturas máximas entre 55 y 60 metros.

Dos condiciones de aparición de suma importancia son la fundación de la ciudad de La Plata y la segunda epidemia de cólera que azotó a Buenos Aires entre 1886 y 1887, coincidiendo con la primer temporada veraniega de Mar del Plata. Este último acontecimiento nos permite relacionar la emergencia de la cultura de la playa con las prácticas higienísticas y terapeúticas ligadas en parte con la experiencia de la grandes epidemias urbanas. No estará de más que nos preguntemos sobre el efecto que pudo haber causado sobre los atemorizados porteños de la clase alta la promoción de unas playas donde todo era puro y fomentaba la salud, donde uno podía huir de las miasmas de la gran ciudad y encontrarse con la pureza de la espuma. Por otra parte, el significado del puerto en el imaginario estaba asociado a la promiscuidad, las epidemias, la podredumbre y la inmoralidad. Siendo esto así no es raro que la alta sociedad, que había encontrado en Mar del Plata un refugio caracterizado por un escenario natural de singular belleza, no mostrara el más mínimo interés en el proyecto portuario que tanto había entusiasmado a Pedro Luro,sobre el que ya hemos dado algunos datos biográficos en una nota al pie. Como refuerzo argumental para esta consideración téngase en cuenta además la emergencia del aspecto terapeútico de los baños de mar, documentada tempranamente para el caso de Mar del Plata, a través de la carta del Doctor Alessandro Camusso al Ingeniero Francesconi.(49)

Con respecto a La Plata, nunca antes se había visto un despliegue técnico y una inversión de recursos semejantes como los que dieron origen a aquella fabulosa intervención arquitectónico-urbanística estatal. En efecto, el primero de mayo de 1882 se había promulgado la ley de fundación, el 19 de Noviembre del mismo año dicha fundación se concreta colocándose la piedra fundamental.(50) Después de aquella experiencia, tal vez el ánimo de la clase gobernante se sintiera capaz de proseguir con proyectos semejantes.(51) De hecho, creemos que existe una continuidad entre el experimento arquitectónico-urbanístico de La Plata y la arquitectura monumental y las inversiones públicas y privadas que convirtieron a Mar del Plata en la exquisita villa balnearia de la aristocracia argentina.

El ferrocarril excedió, por sus características como medio de transporte de cargas y pasajeros, el papel de mera unión entre un punto de partida y un punto de llegada. Así, entre un “antes” y un “después” del viaje, comenzó a valorarse el “durante”. En efecto, observado con atención por las ventanillas del vagón, el paisaje del vasto y variado territorio nacional comenzaba a ser asimilado por la cultura a través de los curiosos ojos de aquellos primeros pasajeros del Gran Ferrocarril del Sud. Hay que destacar, entonces, que el tren no sólo incidió sobre la civilización sino también sobre la cultura. Y esto último lo hizo gracias a que inició y desarrolló el placer de viajar, de conocer nuevos lugares, el arte de percibir y gozar del paisaje.(52) (53) Un paisaje que, en el caso de la comarca que rodeaba a la futura villa balnearia, comenzó a deslumbrar a todos los que se ponían en contacto con sus singularidades contrastantes con la monótona horizontalidad pampeana. El ferrocarril comenzó a producir cambios en aquel pueblo aún antes de su llegada. Por el contrario, los estudios técnicos sobre el puerto fueron suspendidos y jamás llegaron a realizarse.

Los espectaculares cambios producidos en Mar del Plata a partir de 1886, no hubieran sido posibles si a la llegada del ferrocarril no se hubieran añadido las nuevas significaciones imaginarias de la villa balnearia que, a su vez, fueron encarnadas y difundidas por la élite gobernante y la aristocracia argentina. Y esta es la otra clave que va a concretar exitosamente, hacia 1900, el proceso de transición iniciado alrededor de 1883.

En efecto, como hemos dicho, la alta sociedad porteña hizo suyo rápidamente el proyecto de la elegante villa balnearia junto al mar. Mientras sus miembros afluían cada vez en mayor número al balneario(54) realizando sustanciosas inversiones inmobiliarias, la élite gobernante había consensuado implícitamente que el progreso de Mar del Plata era una cuestión de política de Estado, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que sus autoridades fueran designadas por el gobierno central hasta la década del veinte. Desde Dardo Rocha y Julio Argentino Roca, en adelante, los sucesivos gobiernos provinciales y nacionales se preocuparán por materializar en esta ciudad esos ideales de progreso que animaban a la Generación del Ochenta. Después de La Plata, esta villa balnearia a orillas de un mar austral muy distinto a las aguas del lago Saratoga, al Mediterráneo o al Adriático, y a las corrientes de la margen izquierda del Río de la Plata, fue el último proyecto modernista de la élite dominante argentina. El torbellino de la modernidad periférica argentina desplegó en Mar del Plata todas sus potencialidades y contradicciones.

Así, paulatinamente, su proceso de transición culminó en una nueva forma cultural. Y entre sus últimas fulguraciones se distinguen algunos hechos de considerable significación, como el viaje — ya comentado más arriba y de incalculables consecuencias para el futuro de la ciudad–que en 1887 realizaron en tren hasta este lugar el escritor y crítico Paul Groussac y cinco acompañantes (el Vice-Presidente de la Nación, Dr. Carlos Pelegrini, el Ing. Ulrico Courtois, el “nabab” santiagueño Saint-Germès, el empresario norteamericano Mark Chuzzlewit y el Dr. Pedro Luro).(55) Se siguen a este hecho otros de igual importancia. Por ejemplo, la incorporación de Mar del Plata al circuito hotelero internacional a través de la inauguración del Hotel Bristol el 8 de Enero de 1888.

Al ferrocarril y al Grand Hotel y, fundamentalmente, al Hotel Bristol hay que agregarles otro elemento muy importante que corona el dispositivo urbano-arquitectónico que permite a la vez incorporar las playas a la economía local y al imaginario, es decir, el establecimiento de la nueva articulación entre sociedad y naturaleza sobre la que se fundamenta la nueva forma urbana. Nos referimos a la rambla. Consideramos que con la aparición de este elemento, acaba el periodo de transición. De hecho, a partir de 1888 la prensa de la capital comenzará a hacer constantes y detalladas referencias a Mar del Plata, ya sea como centro balneario o de veraneo, ya sea como lugar donde se desenvuelve una intensa cultura vinculada al ocio, al gasto, al consumo ostensivo, a la nervenleben y a la diferenciación social entre los miembros de la clase alta.(56) En otras palabras, el proceso de transición de Mar del Plata culmina con la constitución de nuevas relaciones entre medio ambiente, urbanización, cultura y sociedad ligadas a la irrupción de nuevas significaciones imaginarias y al planteo de nuevas prácticas de producción del espacio urbano.

Las ramblas, una verdadera columna vertebral alrededor de la cual se organizó la vida social del balneario, deben su importancia a que fueron la primera materialización, reproducida hasta el presente en sucesivos ensayos de incorporación de las playas a la economía y a la cultura urbanas. La historia quiso que las ramblas reemplazaran al puerto. Antes de finalizar el siglo XIX, el balneario ya había conocido dos ramblas, la primera, cronológicamente, que Cova denomina “primitiva” y la segunda, llamada rambla “Pellegrini”.(57) La rambla tenía dos usos inmediatos. En primer lugar servía para la contemplación del paisaje y, en segundo término, estaba dotada de las “casillas de baño” que permitían a los primeros bañistas cambiar la ropa de calle por el traje de baño.

Por último, a partir de la construcción del Hotel Bristol y de la instalación de la rambla “primitiva” y de la rambla “Pellegrini” comienza a generalizarse la construcción de las primeras residencias de veraneo. Comienzo incipiente de otra fase de la historia de Mar del Plata que en poco tiempo dará una imagen de la ciudad caracterizada por la suntuosidad y variedad de sus estilos. Cova dice que estas residencias, que al principio seguían el esquema de la casa tradicional o de la quinta de recreo, adoptará hacia la primera década del siglo XX, el modelo del chalet. A partir de aquí, comienzan a difundirse las representaciones de la villa balnearia fundamentalmente a través de las primeras fotografías por lo general de sus playas y bañistas, de la rambla, de sus lujosos chalets.

Creo además que es preciso utilizar el concepto de configuración social pues, ni la emergencia de la cultura de la playa ni la transición hacia el modelo de urbanización a ella asociado, podría comprenderse prescindiendo de un análisis diacrónico de la composición de fuerzas sociales en presencia. En efecto la primera configuración social que se registra consistía en un núcleo de peones en su mayoría portugueses que actuaban como mano de obra en el saladero de Coelho de Meyrelles, un súbdito de la Corona Brasilera que fundó dicho establecimento en 1856. En 1860 entra en escena Patricio Peralta Ramos (de quién ya hemos dado algunos datos biográficos en una nota al pie) constituyéndose a partir de su asociación con otros terratenientes vecinos una configuración social que no difería demasiado del resto de los pueblos de la campaña bonaerense. Es con la llegada de Pedro Luro en 1877 que esta configuración social, carente de todo dinamismo, comienza a modificarse a través de sus incesantes y variadas intervenciones y proyectos. La inserción de sus hijos en la vida política, social y cultural junto con su acceso directo a las más altas esferas del poder es lo que dotará de una nueva dinámica que eliminará la dependencia del asentamiento al campo y su gente y establecerá su vinculación con las playas y la alta sociedad porteña, creando un verdadero enclave de modernización.

VI. La difusión del modelo

El asombroso éxito de Mar del Plata como pueblo balneario y los grandes progresos que experimentó a partir de la llegada del ferrocarril en conjunto con las condiciones económicas del país, propicias para la especulación inmobiliaria, motivaron la rápida difusión del modelo inaugurado en el antiguo Puerto de la Laguna de los Padres. Hacia 1887 se intentan crear dos nuevos pueblos balnearios, Mar del Sud y Miramar, a 60 y 45 km de Mar del Plata, respectivamente. El proyecto de Mar del Sud promovido por una sociedad anónima formada por el ingeniero Rómulo Otamendi, el ingeniero Santiago E. Barabino, el doctor Rafael Herrera Vegas, el coronel José María Calaza y Julio Galona es abandonado antes de iniciarse el trámite oficial de fundación aunque ya se había realizado una inversión considerable en la construcción de un hotel en el lugar. En cambio, Miramar proyectado por el primer Juez de Paz e Intendente de Mar del Plata, Fortunato de la Plaza y su yerno José María Dupuy, tiene éxito al ser oficializada su fundación el 20 de septiermbre de 1888. En 1889, Fernando Julian Otamendi, quien había vendido los terrenos a la sociedad anónima que intentó crear Mar del Sud, vende al Banco Constructor de La Plata, presidido por Carlos Mauricio Schweitzer un proyecto de pueblo balneario conocido como Boulevard Atlántico. Corriendo una suerte parecida al proyecto de Mar del Sud situado frente a este nuevo ensayo, es abandonado luego de iniciarse la construcción de otro hotel sin haberse iniciado, tampoco en este caso, las tramitaciones fundacionales. Esto se debió a la crisis económica que afectó al país en 1890 y al posterior quebranto de la famosa casa platense de crédito privado.(58) Por su parte, Quequén y Necochea padecieron de los obstáculos puestos por un importante terrateniente y político de la zona para ser declarados pueblo, lo cual retrasó considerablemente su definición como pueblos balnearios. Una suerte parecida, a causa de la Primera Guerra Mundial corrió Ostende, un proyecto de centro balneario iniciado por una empresa belga en 1911 en playas del actual partido de Madariaga.

A excepción de Miramar, la historia de los distintos proyectos inspirados en Mar del Plata demuestra que la creación, fundación y progreso de los pueblos balnearios de la costa atlántica bonaerense era una empresa audaz no siempre acompañada por el éxito. Me parece que esta situación ayuda a entender dos ideas sostenidas en este trabajo: que, por un lado el carácter singular del proceso de transición urbana y progreso que experimentó Mar del Plata fue el resultado de la combinación de unas condiciones de surgimiento singulares, y por otro lado que, a partir de este primer pueblo balneario del SE atlántico y de su cultura de la playa, se inicia un nuevo modelo de urbanización que si bien difiere para cada nuevo pueblo balneario en lo concerniente a sus condiciones de aparición particulares, tiene en común con aquel primer exponente de la nueva forma urbana una articulación sociedad-naturaleza y una articulación imaginario-territorio semejantes, y que manteniéndose relativamente invariantes hasta la década de 1940 darán como resultado los asentamientos turístico balnearios de la costa atlántica bonaerense.

NOTAS

1. Profesor y Licenciado en Geografía. Becario de perfeccionamiento del CONICET con Sede de trabajo en el Centro de Estudios del Desarrollo Urbano-Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño-Universidad Nacional de Mar del Plata.

2. Franco Rella: “La arqueología de lo inmediato” (entrevista realizada por Mercedes Daguerre y Giulio Luppo). En Nicolás Casullo (comp.): El debate modernidad-postmodernidad, Buenos Aires, Ediciones El Cielo por Asalto/Imago Mundi, 1993, pp.239-256.

3. Sin embargo hay que tener en cuenta que existía un precario sistema de comunicaciones que articulaba toda una red de postas y mensajerías de la campaña bonaerense al sur del río Salado y que funcionaba con relativo éxito y regularidad. Basado en tres medios de comunicación parcialmente integrados –inclusive con las puntas de riel del ferrocarril del Sud–, carretas, diligencias y pailebotes, a este sistema estaban integrados tanto Quequén como Mar del Plata.

4. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª Sesión ordinaria, p. 586.

5. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª Sesión ordinaria, pp. 577-592. El Partido del Tuyú, fue creado el 19 de Julio de 1865. Con respecto al pueblo Dorrego, y por lo que he podido indagar, este pueblo nunca se llegó a fundar. Años más tarde (1888) se fundó el pueblo de Coronel Dorrego muy lejos del lugar donde se pensaba crear este pueblo, en los distritos pertenecientes a Pringles y Tres Arroyos. Consultada la Geografía de Latzina (1890), en el párrafo dedicado al Partido del Tuyú, se indica que en el mismo no existe ninguna ciudad o pueblo y a continuación se hace una referencia a la Estancia “El Chajá” situada a 15 kilómetros de una estación llamada “Dorrego”. Por su parte, Razori (1945) señala que el primer pueblo fundado en el Partido del Tuyú fue “El Divisadero” el 21 de octubre de 1907 (declarado cabecera del partido el 27 de febrero de 1908). La traza definitiva de este pueblo es aprobada el 28 de diciembre de 1909 y el 19 de Julio de 1910 y tanto el partido como el pueblo reciben el nuevo nombre de General Juan Madariaga. Es interesante agregar que se funda en tierras pertenecientes a un hacendado de destacada participación en los primeros años de Mar del Plata, Benjamín Zubiaurre.

6. Los vecinos firmantes de las cartas son: Nicolás D. Herrera, M. Errecabarre. El secretario municipal Emilio Baldesarre envía otra nota apoyando el proyecto de la Cámara de Senadores sin la firma de su presidente, Teodoro Serantes.

7.7 Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª sesión ordinaria, p. 574.

8. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª sesión ordinaria, p. 578.

9. “Se dice que el terreno donde se proyecta fundar el pueblo es alto y bueno. Sí, señor, el terreno donde se proyecta fundar el pueblo, es, efectivamente, como lo indicaron en la Cámara de Diputados, alto y bueno; pero ese terreno alto y bueno no se extiende más allá del espacio que el pueblo va a ocupar, porque saliendo de allí al Este o al Norte, entran los terrenos bajos, montuosos o salitrosos” (Senador Ortiz de Rozas, Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª sesión ordinaria, p. 587).

10. No puede excluirse la idea de que el discurso contra la localización costera del pueblo de Dorrego escondiera un negocio vinculado a la expropiación de las tierras. Sin embargo, esta hipótesis no quita interés histórico a las ideas expresadas sobre la inconveniencia de fundar pueblos costeros. Hacia 1882 solamente existían tres pueblos costeros en todo el litoral atlántico bonarense: Mar del Plata (declarada pueblo en 1874 y sobre la que después nos detendremos), Quequén (originado en 1870 a partir de la instalación de un muelle por Pedro Luro pero fundado oficialmente en 1889) y Necochea (fundada oficialmente en 1881).

11. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª sesión ordinaria p. 584.

12. El Senador Hernández, al parecer un gran conocedor de la campaña bonaerense, pasa por alto o desconoce la existencia de Quequén, Mar del Plata y Necochea.

13. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª sesión ordinaria, p. 586.

14. Ibidem, p.590.

15. En la actualidad, a la altura de la Estación F.C.G.R. Juancho, sobre las playas de la costa atlántica bonaerense, se encuentran dos asentamientos turísticos balnearios Ostende y Pinamar.

16. A continuación hemos recurrido a la cartografía actual, en particular a las planchetas del IGM “Pinamar”, “El Chajá” y “Estación Juancho”. Aunque la nomenclatura topográfica no coincide con exactitud con la que figura en el Registro Gráfico de 1865, es fácil localizar la zona fundamentalmente a través de la Estancia El Tala y la Estancia Juancho Viejo. Esta cartografía tampoco indica cangrejales ni médanos, únicamente se detallan con mayor precisión las zonas de bañados, muy abundantes. También se confirma el tipo de vegetación, monte o bosque presumiblemente de talas, extraordinaria para esta provincia. Otro detalle interesante es que en la misma zona, aunque un poco más al norte, aparece la ciudad de General Juan Madariaga, fundada en 1907, asentamiento que parece haber surgido como reemplazo del proyecto abandonado de “Dorrego”. Sobre la costa aparece una serie de asentamientos turísticos balnearios: Ostende, Valeria del Mar, Pinamar.

17. Por razones de espacio, me he permitido excluir aquí las notas biográficas correspondientes a Patricio Peralta Ramos.

18. Por razones de espacio he debido excluir aquí la transcripción de una parte de la nota de Patricio Peralta Ramos al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires solicitando autorización para fundar un pueblo (14 de Noviembre de 1873).

19. El análisis de la génesis de un hecho social puede requerir un doble abordaje de sus múltiples condiciones de aparición. En esta línea puede ponerse atención, por un lado, a todos aquellos factores condicionantes conectados con su aparición (momento de procedencia) y, por otro lado, prestando atención a las singularidades del hecho social en sí (momento de emergencia), es decir a aquellas características que lo distinguen de otros fenómenos similares. Ambos momentos remiten al papel de los enfrentamientos de los distintos grupos y sus representaciones sociales entre sí y entre estos últimos y la naturaleza. Las nociones de “procedencia” y “emergencia” permiten establecer con mucho detalle las condiciones de aparición de un acontecimiento poniendo en tela de juicio las explicaciones históricas basadas en el descubrimeinto de un origen puntual pero sin sacrificar la especificidad del hecho estudiado.

20. Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: El viaje intelectual. Impresiones de naturaleza y arte. Buenos Aires, Librería de Jesús Menéndez, segunda serie, 1904, p. 143.

21. Algunos de los referentes teóricos que han realizado aportes para una “crítica de los orígenes” son Nietszche, Foucault, Rella, Ginzburg, Levi y Chartier.

22. La comparación con Saratoga Springs fue realizada en un afiche de propaganda de venta de tierras impreso en 1883 o 1884 cuyo texto dice así: “Plano general del pueblo General Puyrredón en el puerto Mar del Plata fundado en 1874.-El gran Ferro-Carril del Sud abrirá al servicio público en Diciembre de 1884 el ramal que partiendo de Maipú termina en el Puerto. Puyrredón, por su situación sobre el Atlántico, su pintoresco territorio y aires puros, está llamado a ser muy pronto la Saratoga sudamericana. En adelante las familias que necesiten tomar baños no tienen para qué atravesar el río. En pocas horas las transportará al puerto el Ferro-Carril y allí tendrán mar, aire puro, y ninguna etiqueta social. se llama la atención de todos los hombres previsores. Para informes y compras, ocúrrase a D. Jacinto Peralta Ramos en el Puerto”. La comparación con Atlantic City se encuentra en Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: Ob. Cit. p. 144.

23. Otra vertiente más pedrestre del mito de los orígenes es la que, partiendo del hecho de que Mar del Plata se fundó sobre tierras privadas, es el resultado de una estrategia de especulación inmobiliaria.

24. Según Luis Martinez Cherro: Por los tiempos de Francisco Piria. Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental. 1993, Piriápolis fue fundada en 1890 como un establecimiento agronómico y balneario por Francisco Piria. Fue el primer balneario sobre el Atlántico que tuvo Uruguay. Es interesante advertir las semejanzas, en el proyecto de Piria, con las características que en otros trabajos hemos definido para el asentamiento turístico balneario de la costa atlántica bonaerense (José M. Mantobani: La espacialidad social considerada como un aspecto de la reproducción de la estructura de las unidades urbanas. El caso de la ciudad de Miramar. Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, UNMdP, 1993a y Estrategias y prácticas de producción del espacio en una unidad urbana especializada en la actividad turística. El caso de la ciudad de Mar del Plata. Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, UNMdP, 1993b).

25. Disiento rotundamente con Raul Jacob (Modelo batllista ¿Variación sobre un viejo tema? Montevideo, CIEDUR-SAREC,1988) cuando afirma que “los montevideanos comenzarán a aprovechar su borde marítimo con recato a partir de 1871, en que se inauguraron las instalaciones balnearias de la playa Ramirez conjuntamente con la línea tranviaria del Este” (p. 91), pues geográficamente e hidrográficamente hablando el borde exterior del Río de la Plata se extiende desde Punta Rasa en Argentina, hasta Punta del Este, en Uruguay. Esto significa una tardía conquista de las playas marítimas que comienza recién a partir de la década de 1890.

26. Guillermo García Mollano: Pueblo de Pocitos. Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1979 : 7

27. En esta línea coincidimos con Luis A. Romero cuando dice que “la tradición no es una fuerza ciega e indeterminada que ata el pasado con el presente. En buena medida, la tradición se construye, mediante el olvido y el recurso selectivo, la resignificación del pasado, y hasta el invento” (“Los sectores populares urbanos como sujetos históricos”. En Romero, L. A. y Gutierrez, Leandro (1995): Sectores populares, cultura y política. Buenos Aires en la entreguerra. Buenos Aires, Sudamericana, 1995: 38).

28. Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: Ob. Cit. p. 143.

29. Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: Ob. Cit. p. 145.

30. Aunque un presupuesto básico de este trabajo es que cultura, sociedad y espacio son dimensiones inescindibles de la realidad social, en algunas ocasiones no hemos podido trascender las limitaciones que el lenguaje y la comunicación escrita le imponen a la voluntad de realizar dicho principio teórico, sobre todo cuando se desea advertir las modalidades que asume la interacción entre las relaciones sociales y las estructuras espaciales.

31. En este trabajo utilizaré con mucha frecuencia el término “significaciones”, el cual no debe entenderse como “sentidos” ya que remite a los aportes de Cornelius Castoriadis sobre el imaginario social.

32. Aquí es el método progresivo-regresivo el que permite reconstruir la transición que convirtió al reducido caserío que rodeaba a un saladero en quiebra en el primer pueblo balneario del país.

33. En otro trabajo he interpretado el proyecto de expropiación de tierras a Patricio Peralta Ramos y a Pedro Luro para ensanchar el ejido del pueblo. Presentado “a solicitud del vecindario del Mar del Plata”, este proyecto pretendió obtener la autorización para expropiar las tierras, en su mayoría, chacras y quintas, que rodeaban al trazado inicial con el propósito de ampliar el ejido. En esta época, el pueblo se encontraba en una encrucijada derivada de su condición de ejido trazado sobre tierras privadas. La gran cantidad de tierras que rodeaban al ejido, totalmente deshabitadas, eran difíciles de vender y, por consiguiente, de poblar, lo cual constituía un verdadero obstáculo y factor de atraso para el progreso del asentamiento. Creo que en los debates sobre este proyecto transcriptos en el Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (18/8/1883 y 18/9/1883), finalmente rechazado, existen indicios que llevarían a suponer que tenía como finalidad beneficiar a los mismos propietarios quienes encontraban difícil su venta a causa de los exagerados precios solicitados. La expropiación hubiera implicado que el Estado se atuviera a la Ley de Expropiaciones de octubre 21 de 1881, la cual establecía que la tierra debía pagarse al precio de la última venta registrada el año anterior. Además el proyecto establecía que las tierras se expropiaran subdivididas en solares, chacras y quintas y no en leguas de campo, lo que en realidad encarecía exhorbitantemente dicha compra. En cambio, para los propietarios era un excelente negocio ya que no estaban sujetas a la expropiación las tierras de más valor e importancia inmediata –las urbanas propiamente dichas– sino las que formaban el ancho e inutilizado cinturón de chacras y quintas. Se entiende el sentido del “negocio”. Si el Estado provincial hubiera expropiado a los particulares, estos hubieran recibido al momento la suma correspondiente al valor total del volumen de las tierras loteadas, estimado a partir de la última venta. De este modo no hubieran tenido que aguardar varios años hasta que, con la llegada del ferrocarril en 1886 y el incremento demográfico, se diera una demanda de tierras capaz de absorber en alguna medida la excesiva oferta de chacras y quintas. No hay que olvidar que en estos momentos el Dr. Santiago Luro se desempeñaba en la Cámara de Diputados y en el Directorio del Banco de la Provincia. De este modo, con los fondos que les proveería la expropiación, las familias propietarias accedían a un capital necesario para ser invertido en la consolidación del núcleo del pueblo, insuficientemente desarrollado y con escasas comodidades, desligándose además de los riesgos y embrollos implícitos en la venta de tierras. Sin embargo,poco tiempo después, con la llegada del ferrocarril, sería el propio Estado el que asumiría la responsabilidad de realizar, junto con importantes y poderosos propulsores privados (como Ernesto Tornsqüinst, por ejemplo), aquellas grandes inversiones que cambiaron para siempre la faz del primitivo asentamiento.

34. Veáse, más arriba, el texto citado en la nota 22.

35. El subrayado es mío (J.M.M.).

36. Encuentro apoyo para esta idea en las tempranas comparaciones con los balnearios norteamericanos. En esta línea, Paul Groussac ha escrito unas páginas de gran belleza y sumo interés para la historia cultural urbana de Mar del Plata. En “Mar del Plata en 1887” relata su primer viaje en tren al balneario junto a cinco acompañantes (el vice-presidente de la nación, Dr. Carlos Pellegrini, el Ingeniero Ulrico Courtois, el “nabab” santiagueño Saint-Germès y el Dr. Pedro Luro –promotor de esta excursión), y añade que el quinto personaje era un joven norteamericano llamado Mark Chuzzlewit. Su padre considerado como el fundador de Atlantic City, el elegante balneario de la alta sociedad de Nueva Jersey. había sido biografiado por Charls Dickens. Por eso, Groussac rescata para la posteridad las palabras de aquel joven que viaja con ellos, el cual tiene “la firme convicción de que los argentinos seréis mañana los yanquis de Sud América y tendréis que buscar en alguna playa oceánica el reposo, y porque sé, además, que acuden mil donde se agrupan ciento, y que antes de diez años Mar del Plata será no un Trouville sino un pequeño Atlantic City; por todo esto es que véis al hijo de Martin Chuzzlewit, en marcha para venir a comprar terreno barato en la única estación balnearia posible para la República Argentina” Aut. Cit.: El viaje intelectual. Impresiones de naturaleza y arte, segunda serie, Buenos Aires, Librería de Jesús Menéndez, 1904, pp. 143-144.

37. Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: Ob. Cit. p. 145.

38. Los conceptos de “topofobia” y “topofilia” que indican, respectivamente, afectos de rechazo y de amor a un lugar están tomadas de la obra del geógrafo norteamericano Tuan Yi-Fu (veáse, por ejemplo, Topophilia: A Study of Environmental Perception, Attitudes and Values. Englewood Cliff, Prentice-Hall, 1974).

39. La referencia a las características de la formación económica y social pampeana subraya el papel del tipo de producción prevaleciente en la región y su influencia sobre la valoración de aquellos elementos de la naturaleza que no se incribieran en el marco de las actividades agropecuarias. Hablar de los reducidos niveles técnicos en materia de medios de transporte y vías de comunicación hace referencia al papel del factor distancia (distancia entre Buenos Aires y Mar del Plata) como condicionante de la ignorancia generalizada de las playas. En efecto, era sobre esta falta de experiencia concreta de la costa atlántica bonaerense sobre la cual se tejían las representaciones adversas y los sentimientos de topofobia. Con esto aparece una marcada diferencia con el proceso de invención de la playa en Europa (véase Alain Corbin: El territorio del vacío. Occidente y la invención de la playa 1750-1840. Grijalbo-Biblioteca Mondadori, Barcelona, 1993) donde tanto la distancia como la base productiva de la sociedad no actuaron de manera tan decisiva como en la Argentina, predominando en cambio una repulsión basada en significaciones imaginarias y representaciones sociales que remiten más a la relación imaginario-territorio que a la relación sociedad-naturaleza.

40. En este trabajo, el territorio no es la superficie terrestre, es decir un conjunto de elementos dados en la naturaleza y más o menos modificados por la acción humana. Por el contrario, es el resultado de un proceso histórico de incorporación y objetivación en y por la economía y la cultura de una sociedad. El espacio se territorializa cuando deviene lugar, es decir a través de la emergencia de las significaciones imaginarias que hacen posible su percepción y que, posteriormente, dan lugar a las representaciones sociales presentes en una cultura ya precipitada. Las relaciones entre territorio y sociedad se tejen sobre una urdimbre de tipo político, económico y cultural. La incorporación del territorio a la geografía política y económica de un Estado Nación tiene que ver, por un lado, con el desarrollo de categorías jurídico-políticas capaces de poner en práctica estrategias de organización y administración territorial y con la gestación de actividades económicas capaces de poner en valor los recursos naturales que este alberga. Pero por otro lado hay que añadir la emergencia de significaciones imaginarias y representaciones sociales que al mismo tiempo hacen del territorio un espacio vivido y lo convierten en un elemento constitutivo de una cultura. Gracias a este proceso objetivo y subjetivo es posible dominar y percibir el territorio de un Estado Nación.

41. Sobre este punto, veáse El Naufragio de Falconer, La Tempestad de Víctor Hugo y la variada obra pictórica sobre naufragios y tempestades de artistas franceses durante el siglo XVIII y XIX (Vernet, Delacroix).

42. Aunque el manejo de las tres categorías de capital simbólico propuestas por Boudieu pueden dar la impresión de un dualismo o escición entre cultura y sociedad, he preferido mantenerlas pues permiten captar fenómenos particulares de las inversiones sociales propios de la historia cultural urbana de Mar del Plata.

43.El tema del espacio público marplatense es parte del proyecto de investigación de mi tesis de doctorado.

44. Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit.: Ob. Cit. p. 144 y 148.

45. Por razones de extensión no puedo presentar aquí las notas biográficas, por demás interesantes, de Pedro Luro.

46 Véase nota 6.

47. En otros trabajos he analizado pormenorizadamente la importancia de estos sucesos como condiciones de aparición de Mar del Plata como nueva forma urbana y de su cultura de la playa. Ver José M. Mantobani: Las raíces ocultas. Mar del Plata y el problema de la creación de los pueblos balnearios del sudeste de la provincia de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Mar del Plata. Informe final del proyecto de investigación “El asentamiento turístico-balneario de la costa atlántica bonaerense como forma urbana sui-generis. En torno a las condiciones de surgimiento y consolidación de su imaginario social. El caso de la ciudad de Mar del Plata” CEDU-CEHAU, FAUD, UNMdP, 1995a, y “Notas para una historia de cultura material de Mar del Plata a partir de una fotografía de fines del siglo XIX”. Trabajo final presentado en el seminario “Para una Historia de la Cultura Material.Buenos Aires, 1880-1930” dictado por el Arq. Jorge Francisco Liernur en el marco de la Maestría en Historia, Departamento de Historia, Facultad de Humanidades,UNMdP, 1995b y “La descripción densa y su relación con otras ciencias sociales”. Trabajo final presentado en el seminario Teorías Antropológicas dictado por el Dr. Leopoldo Bartolomé en el marco de la Maestría en Ciencias Sociales orientación Sociología del programa FLACSO/UNMdP, 1996.

48. “En las inmediaciones de punta Iglesia notamos un cambio en el aspecto de la costa, originado por la diferente constitución geológica, ya que se presenta rocosa, formada por areniscas y cuarcitas, prolongación éstas de estratos del sistema de Tandilia. La alternancia de estos terrenos con otros blandos, ha dado lugara a que la costa presente un aspecto irregular como consecuencia de la resistencia de los materiales duros frente a la acción del mar, en contraste con la eliminación del material deleznable” (María Renee Cura: “El mar y las costas”. En Francisco de Aparicio y Horacio A. Difrieri (dirs): La Argentina. Suma de Geografía. Tomo II, Buenos Aires, Peuser, 1958, p. 428.

49. La transcripción de la carta del Dr. Alessandro Camusso al Ing. Alfredo Francesconi (8 de Agosto de 1886) dice así: “Egregio Ingeniere: Lessi su varii giornali che dietro sua iniziativa aviemo un grande stabilimento balneario a Mar del Plata. Applandendo al suo progetto, mi piglio la libertá di chiederle dati e detagli in proposito, perciocché io abbia digiá consigliato a piú di 50 fra i mici clienti d’andare in Dicembre o Genaro a fare costi i bagni di mare. E siccome Dolores dista solo 5 ore dal Mar del Plata io potrei, senza tema d’esagerare procurare allo stabbilimento piú di cento clienti ogni estagione. In attesa d’un riscontro, e facendo di nuovo pauso al suo progetto, mi pregio sottoicrivermi colla massima stimma, Devotissimo súo. Dr. Alessandro Camusso”. Debo el conocimiento de esta carta a la amabilidad del recientemente fallecido Prof. Félix de Ayesa.

50. Alberto De Paula: La ciudad de La Plata. Sus tierras y su arquitectura. Buenos Aires, Ediciones del Banco de la provincia de Buenos Aires, 1987.

51. Si bien la importancia que le damos a este acontecimiento puede parecer exagerado, hay que reconocer que hoy estamos muy lejos de poder tomar conciencia de lo que la construcción de esta ciudad significó y las repercusiones que tuvo para el futuro de Mar del Plata. Tomemos como ejemplo el juicio de D. F. Sarmiento luego de su visita a La Plata en 1885 (dos meses antes de que el ferrocarril arribara a Mar del Plata): “Estuve en La Plata, y he quedado asombrado de lo que he visto, no de Rocha que ha hecho mucho laudable sino de la vitalidad del país y su fuerza de expansión. He recorrido las partes del mundo culto que vegetan y crecen y te aseguro que no hay nada en la tierra de este crecimiento. Es una ciudad evocada; pero con todos los caracteres del año en que florece. Veré allí la educación rápida que recibe el público con el contacto europeo, las ideas. La Plata sale a luz con luz eléctrica con palacios y monumentos clásicos, con parques antiguos, calles empedradas, boulevares que se cruzan en ángulos rectos y en diagonales; y con un puerto profundo, elaborado a la holandesa, y que de dos leguas vendrá a la puerta de los almacenes a depositar mercaderías. Estamos pues muy avanzados en inteligencia creadora, en arte y en ciencias aplicadas al bienestar. La América es la antigua colonia hasta Chile que ha andado bastante. Esto que como todo está saliendo del molde todavía caliente, es algo mejor que aquello. Sería como Atenas si hubiera un altar para colocar el Partenon. Me parece que me iré a morir allá, entre cosas nuevas y formas elegantes” (Carta a Posse del 28 de Octubre de 1885).

52. “La contemplación del mar, espectáculo desconocido en su propio país por la mayoría de los argentinos de fines del pasado siglo, fue uno de los motivos que inspiraron a algunos intelectuales porteños, Paul Groussac o Manuel Lainez, por ejemplo para realizar la primera promoción de Mar del Plata” (Roberto O. Cova: “Mar del Plata. Las antiguas ramblas de la playa Bristol”. Revista de Arquitectura Nacional Argentina, 1980 : 4). En un trabajo que intenta construir una historia del surgimiento de los asentamientos turístico balnearios de la costa atlántica bonaerense, es preciso realizar algunas aclaraciones acerca del veraneo, el balneario, el turismo y lo turístico-balneario. Por mi parte creo que no es apropiado proyectar la actividad turístico-balnearia hacia el pasado de los primeros pueblos balnearios surgidos a fines del siglo XIX, ya que los procesos constitutivos de dicha actividad recién comenzarán a operar a partir de la década de 1940. Cuando la mirada se ubica en el surgimiento de la forma urbana donde predomina dicha actividad (fines del pasado siglo) es más apropiado hablar de “veraneo” o de “actividad balnearia” en vez de “turismo”. En realidad, el veraneo en los primeros pueblos balnearios incluía otras prácticas sociales y culturales además del baño propiamente dicho que, por su parte, no era practicado por todos. En efecto, y sobre todo en la Mar del Plata recién forjada por su proceso de transición urbana, el veraneo también significaba tanto la sosegada contemplación del océano y de la sinuosa y diversa ribera como la participación en una intensa como variada vida social. Tal vez, esta contradicción experimentada por la clase alta en Mar del Plata entre el éxtasis de la contemplación del paisaje y el vértigo de la elegante sociabilidad a la postre haya sedimentado en unas nuevas prácticas de consumo cultural que, al mismo tiempo que favorecían el éxito de este pueblo desde el cual arranca la nueva forma urbana contribuía al desarrollo de otras prácticas que mucho más tarde constituirían su perfil turístico-balneario. No es ocioso observar, además, que esta relación entre playas, paisaje, actividad económica y consumo cultural, podría constituir un interesante punto de partida para investigar lo turístico-balneario desde el punto de vista de la cultura material. En otras palabras, es preciso reservar los términos de turismo y turístico-balneario para describir aquellos períodos en que el acceso a la nueva forma urbana y la práctica del veraneo ya no fueron privativos de la alta sociedad porteña. En nuestro país, el caracter turístico-balneario de los antiguos pueblos balnearios ha estado ligado a la irrupción de la clase media en la estructura social argentina.

53. Lo que atraía a los viajeros no sólo era el paisaje sino también las mesas de ruleta y punto y banca. En efecto, poco después de la inauguración del Hotel Bristol podía leerse en un aviso del diario La Prensa del 10 de Enero de 1888: “Desde el sábado 24 del corriente correrá un tren nocturno entre Plaza Constitución y Mar del Plata. Saldrá de Plaza Constitución a las 8.30 p.m los sábados y llegará a Mar del Plata a la mañana siguiente. Regresará de Mar del Plata los lunes a las 8.30 p.m. y llegará a Plaza Constitución los martes a las 7.30 a.m. Los pasajeros disfrutarán así de dos días en Mar del Plata. Habrá en los trenes un número limitado de dos, cuatro, seis y ocho camas, las que se podrán reservar pidiéndolas con anticipación, el valor del viaje será de quince pesos moneda en curso local. Se podrán obtener boletos en la Oficina Central de la Empresa, calle Piedras 209, y en la boletería de Plaza Constitución.”

54. Una estadística de personas llegadas a Mar del Plata por ferrocarril entre 1886 y 1889 muestra los siguientes datos (AAVV: Mar del Plata, una historia urbana. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston 1991 : 79):

Temporadas————————-Cantidad de pasajeros

1886/87………………………………………………………. 1.415
1887/88 ……………………………………………………….2.510
1888/89………………………………………………………..2.900
1889/90………………………………………………………..3.604
1890/91……………………………………………………….. 4.100
1891/92………………………………………………………. .4.700
1892/93……………………………………………………….. 5.840
1893/94……………………………………………………….. 6.010
1894/95……………………………………………………….. 6.035
1895/96……………………………………………………….. 6.870
1896/97……………………………………………………….. 7.400
1897/98……………………………………………………….. 8.600
1898/99……………………………………………………….. 9.350
1899/… ……………………………………………………….10.000

Fuente: Boletín Municipal, Cuarto trimestre de 1935.

55. Algunos fragmentos de las notas del primer viaje realizado por Paul Groussac a Mar del Plata en la Semana Santa del año 1887 nos permiten conocer el juicio que le mereciera la naciente villa balnearia: “Después de un ligero almuerzo, bajamos a la playa, siguiendo una escollera de piedra. Algunas casillas de bañistas locales señalan como jalones la línea límite de la pleamar. A uno y otro extremo de la rambla natural, que se ahueca en media luna, se alzan los barrancos de arenisca donde las olas vienen a romper. Aquí mismo no hay marejada y la masa líquida extiende a la vista su superficie tersa como un espejo; pero a las cien brazas de la ribera la ola se hincha lentamente para acudir, formidable, al asalto de los peñascos poliédricos donde se estrella con retumbo sordo y potente, arrojando al aire sus mil jirones de blanca espuma. Hay en este espectáculo siempre igual y siempre nuevo, en esa eterna demencia de las olas destrozadas y renacientes, una como fascinación irresistible. Uno pasaría allí las horas muertas, absorto en no sé qué meditación impersonal y extrahumana, mecido el espíritu por los rumores del abismo, aletargada el alma por la influencia de esa vaga e infinita vida elemental. Recorremos la playa de Norte a Sur, trepando rocas, bajando a las estrechas grietas de granito, admirando los tonos ricos y variados de los arrecifes cubiertos de aterciopelado musgo. Es una fiesta perpetua para los ojos. Llegamos a la ya famosa gruta, que sería aún más interesante con sus conchas multicolores, sus vegetaciones marinas, sus anémones transparentes, si no comenzaran a invadirla los turistas que no desean viajar de incógnito. Esa plaga de todos los lugares de excursión, desde las cataratas del Nilo hasta el Spitzberg, ha invadido también este sitio ayer ignorado: ¡Nuestros Perrichones quedarían inconsolables si no grabaran su nombre efímero en el granito eterno!.[…] A no faltarme espacio hubiera descripto otros aspectos de esta variada y sana visita al naciente balneario; la excursión a Lobería, las partidas de caza y pesca, una agradable velada en el Molino con parte de las familias Luro y Sansisena (saludo a la que fue “lectriz” de la reina Amelia, mujer de Luis Felipe, figurándome que su silencio encubre una melancólica evocación de los lejanos esplendores y elegancias de Neully). Quisiera sobre todo, decir algún día del encanto inesperado de esa Laguna de los Padres, verdadera cuenca alpestre, sinuosa y prolongada como un pequeño mar interior, rodeada en parte de barrancos y sombreada de admirable sauces seculares plantados por los jesuitas y que bañan en las aguas las puntas de sus desmayadas ramas. Este será más tarde el sitio preferido de la región, el paseo que nadie dejará de repetir cuando lo haya hecho una vez y del cual llevará el visitante una de las impresiones más gratas entre tantas como puede recibir en el único “resort” marítimo de la república. En resumen, regresamos de Mar del Plata después de cinco días de permanencia, más alegres y robustos que al partir, trayendo la esperanza de volverlo a ver en el próximo verano, embellecido y transformado; es decir, en vías de completarse la obra de la naturaleza por la progresiva del hombre civilizado y emprendedor” (Paul Groussac: “Mar del Plata en 1887”. En Aut. Cit., Ob. Cit.., p. 1436-148).

56. Ver artículos en El Censor (4/2/1889), El Nacional (18/1/1889) y también consultar Elvira Aldao de Diaz: Veraneos marplatenses. Buenos Aires, A. Baiocco. (1923) y Bonsiú Kurile (Benjamín T. Solari): La vida en Mar del Plata. Pinceladas realistas. s/e, 1907. Para el tema de la diferenciación social a fines de siglo, ver AAVV: Mar del Plata, una historia urbana. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston, 1991.

57. Véase Roberto O. Cova: “Mar del Plata. Las antiguas ramblas de la playa Bristol”. Revista de Arquitectura Nacional Argentina, 1980. La iniciativa de la construcción de la primera rambla se atribuye al segundo gerente del Grand Hotel, Felix Menvielle. Esta consistía en un balneario de madera situado en la actual playa Bristol que fue destruido por un temporal en septiembre de 1890. Antes del siguiente verano el Dr. Carlos Pellegrini organizó la construcción de otra rambla de madera (bautizada con su nombre por los veraneantes) que, en esta oportunidad, contaba con una plataforma de madera de cinco metros de ancho suspendida sobre la arena por pilotes sobre los que se apoyaba.

58. El establecimiento de todos los detalles, en particular las fechas, relacionados con el intento de creación de los proyectos de Mar del Sud y Boulevard Atlántico es el resultado de una laboriosa investigación indiciaria que por razones de espacio no puedo exponer en este trabajo. Ver José M. Mantobani: Las raíces ocultas. Mar del Plata y el problema de la creación de los pueblos balnearios del sudeste de la provincia de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Mar del Plata. Informe final del proyecto de investigación “El asentamiento turístico-balneario de la costa atlántica bonaerense como forma urbana sui-generis. En torno a las condiciones de surgimiento y consolidación de su imaginario social. El caso de la ciudad de Mar del Plata” CEDU-CEHAU, FAUD, UNMdP, 1995a.

BIBLIOGRAFIA

ALVAREZ, Adriana y otros: Mar del Plata, una historia urbana. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston. 1991.

ALDAO DE DIAZ, Elvira: Veraneos marplatenses. Buenos Aires, A. Baiocco, 1923.

ALIO, Enrique: Mar del Plata. Historia desde su fundación hasta nuestros días(1875-1920). Buenos Aires, T.G.A., 1924.

AMADEO LASTRA, Joaquín y DI CESARE, Gervasio: “Dupuy. Una familia de arraigo en Buenos Aires, Quilmes y Miramar”. Genealogía. Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Año L, Nº 24, Buenos Aires, 1991.

AYESA, Felix de: “La vera historia de Mar del Plata”, Archivo Histórico Municipal “Villa Mitre”, Serie comunicaciones, Año 1, Mar del Plata, Municipalidad de General Pueyrredón, 1994.

BARILI, Roberto T.: Mar del Plata, ciudad de América para la humanidad. Mar del Plata, Municioalidad de General Pueyrredón, 1964.

BARILI, Roberto T.: Mar del Plata. Nuevos antecedentes documentales para su historia. Edición del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1962.

BENGOA, Guillermo:”Hacia una lectura ambiental de la historia de Mar del Plata”. Revista I + A. Investigación + Acción, Año 1, Nº 1, Mar del Plata, FAUD-UNMdP, 1994.

BENJAMIN, Walther: “Tesis de filosofía de la historia”. En Benjamin, Walther: Discursos interrumpidos I. Buenos Aires, Taurus, 1989.

BONSIÚ KURILE (Benjamín T. Solari): La vida en Mar del Plata. Pinceladas realistas. s/e, 1907.

BRAILOVSKY, Antonio E. (1983): 1880-1892. Historia de las crisis argentinas. Un sacrificio inutil. Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1983.

BURKE, Peter (ed.): New Perspectives on Historical Writting. Oxford, 1991

CACOPARDO, Fernando: “Materialismo cultural e historia urbana. Una lectura de los objetos materiales: “especificidad y disolución” en Raynond Williams”, Maestría en historia, UNMdP, 1994.

CACOPARDO, Fernando(ed.):. Mar del Plata: ciudad e historia. Apuestas entre dos horizontes. Buenos Aires, Alianza, 1997.

CORBIN, Alain: El territorio del vacío. Occidente y la invención de la playa (1750-1840). Grijalbo-Biblioteca Mondadori, Barcelona, 1993.

CORBIN, Alain: El perfume o el miasma. El olfato y lo imaginario social. Siglos XVIII y XIX. México, FCE, 1987.

COVA, Roberto O.: “Historia de la ciudad que nos construyeron”. Suplemento de la revista Planteo. De Mar del Plata hacia el país, Nº 1-6, 1973.

COVA, Roberto O.: Pedro Luro. Un pionero de la Pampa. Notas para un estudio histórico de la vida de Pedro Luro y la evolución de Mar del Plata. Mar del Plata, Municipalidad de General Pueyrredón, 1983.

COVA, Roberto O.: “Mar del Plata. Las antiguas ramblas de la playa Bristol”. Revista de Arquitectura Nacional Argentina, 1980.

COVA, Roberto O.: Memorias del Partido de Balcarce. Mar del Plata, Centro de Estudios Histórico Arquitectónicos-FAU-UNMdP, 1987.

COVA, Roberto O., FERNANDEZ, Roberto y LOPEZ MERINO, Jorge: Las viejas ramblas de Mar del Plata. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston, 1990.

CURA, María Renee: “El mar y las costas”. En Francisco de Aparicio y Horacio A. Difrieri (dirs): La Argentina. Suma de Geografía. Tomo II, Buenos Aires, Peuser, 1958.

DE PAULA, Alberto: La ciudad de La Plata. Sus tierras y su arquitectura. Buenos Aires, Ediciones del Banco de la provincia de Buenos Aires, 1987.

FOUCAULT, Michel: Nietzsche, la genealogía, la historia. Barcelona, Pre-textos, 1991.

FREITAS, Nestor J.: Historia dibujada de mi pueblo. Quequén-Necochea. Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, s/l, s/e, 1992.

GARCÍA MOLLANO, Guillermo: Pueblo de Pocitos. Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1979.

GASCÓN, Juan C.: Orígenes históricos de Mar del Plata. La Plata, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1942.

GINZBURG, Carlo: “Señales. Raíces de un paradigma indiciario”. En GARGANI, Aldo (a cargo): Crisis de la razón. Nuevos modelos en la relación entre saber y actividad humana. México, Siglo XXI, 1983.

GINZBURG, Carlo (1994): “Microhistoria: dos o tres cosas que sé de ella”. Entrepasados. Revista de historia, Año V, Nº 8, comienzos de 1995. pp. 51-73.

GODELIER, Maurice: “Introducción: el análisis de los procesos de transición”. En Idem (comp): Los procesos de transición. Estudios de casos antropológicos. Revista Internacional de Ciencias Sociales, Madrid, ONU/UNESCO, Nº114, Diciembre de 1987.

GOMEZ CRESPO, Raul A. y COVA, Roberto O.: Arquitectura marplatense. El pintoresquismo. Resistencia, Editorisl del Instituto Argentino de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo, 1982.

GROUSSAC, Paul: Los que pasaban. Buenos Aires, EGA, 1974.

GROUSSAC, Paul: “Mar del Plata en 1887”. En GROUSSAC, Paul: El viaje intelectual. Impresiones de naturaleza y arte. Buenos Aires, Librería de Jesús Menéndez, segunda serie, 1904.

HERNÁNDEZ. José: Martín Fierro. Buenos Aires, Plus Ultra, 1981.

HERNÁNDEZ. José: Instrucción al estanciero. Buenos Aires, EGA, 1974

HONORABLE CÁMARA DE SENADORES DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, Diario de Sesiones, 1882, 1883 y 1884.

HONORABLE CÁMARA DE SENADORES DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES: Diario de Sesiones, Octubre 28 de 1882, 4ª Sesión ordinaria.

LATZINA, F.: Gèographie de la Rèpublique Argentine. Buenos Aires, 1890.

LEFEBVRE, Henry: “Perspectivas de sociología rural”. En Idem: De lo rural a lo urbano. Barcelona, Península, 1970.

LIERNUR, Jorge, F. y SILVESTRI, Graciela: El umbral de la metrópolis. Transformaciones técnicas y cultura en la modernización de Buenos Aires (1870-1930), Buenos Aires, Sudamericana, 1993.

MANTOBANI, José María: La espacialidad social considerada como un aspecto de la reproducción de la estructura de las unidades urbanas. El caso de la ciudad de Miramar. Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, UNMdP, 1993a

MANTOBANI, José María: Estrategias y prácticas de producción del espacio en una unidad urbana especializada en la actividad turística. El caso de la ciudad de Mar del Plata. Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, UNMdP, 1993b.

MANTOBANI, José María: “Hacia una geografía del medio ambiente”. En JOFRE, Ana M. (coord.): Geografía ambiental y socioeconómica. Teoría, ambiente y sociedad, Buenos Aires, Universidad Abierta y a Distancia “Hernandarias”/Editorial Docencia, 1992.

MANTOBANI, José María: “Entre el trigo y la espuma. Notas sobre algunas investigaciones sobre el papel del poder, la cultura, la historia y el medio ambiente en la producción de algunos asentamientos turísticos balnearios”. Revista I + A. Investigación + Acción, Año 2. Nº 3, FAUD/UNMdP, Mar del Plata, 1995.

MANTOBANI, José María: “Las raíces ocultas. Mar del Plata y el problema de la creación de los pueblos balnearios del Sudeste de la provincia de Buenos Aires a fines del siglo XIX”. En CACOPARDO, Fernando (Ed.):. Mar del Plata: ciudad e historia. Apuestas entre dos horizontes. Buenos Aires, Alianza, 1997.

MANTOBANI, José María: “Cultura, espacio, ambiente y sociedad: Hacia una geografía histórica de las configuraciones intraurbanas de la ciudad de Mar del Plata”. En Laura GOLPE y Carlos HERRÁN (eds.): Perfiles migratorios e imaginarios urbanos. Buenos Aires, ADIP, 1997 (en prensa).

MARENGO PALACIOS, Natalio R.: “Antecedentes de la construcción del Puerto de mar del Plata (primera y segunda parte). Archivo Hitórico Municipal “Villa Mitre”, Serie Comunicaciones, Año 1, Nº 8 y Nº 9, Mar del Plata, Municipalidad de General Pueyrredón, 1994.

MARTINEZ CHERRO, Luis: Por los tiempos de Francisco Piria. Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1993.

PASCUAL y MASSANET, Juan: Miramar en el trigésimo aniversario de su iglesia 1891-30 de Noviembre-1921. Buenos Aires, A. Pedemonte, 1921

PASTORIZA, Elisa M.: “Notas sobre el veraneo marplatense en los albores del siglo: un capítulo “indeclinable” de la alta sociedad porteña”, Mar del Plata, CEHAU-FAU, 1995.

RAZORI, Amilcar: Historia de la ciudad argentina. Buenos Aires, Imprenta Alsina, 3 Tomos, 1945.

RELLA, Franco: “La arqueología de lo inmediato” (entrevista realizada por Mercedes Daguerre y Giulio Luppo). En CASULLO, Nicolás (comp.): El debate modernidad-postmodernidad, Buenos Aires, Ediciones El Cielo por Asalto/Imago Mundi, 1993, pp.239-256.

SARLO, Beatriz: Una modernidad periférica: Buenos Aires, 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

SARTRE, Jean-Paul: Crítica de la razón dialéctica. Libro I. Buenos Aires, Losada, 1970.

SCHUSTER, Félix: El método en las ciencias sociales. Buenos Aires, CEAL, 1992.

SUAREZ GARCÍA, José M.: Historia del Partido de Lobería. Buenos Aires, Librería Alsina, 2 Tomos, 1949.

TAFURI, Manfredo: “Introducción: el proyecto histórico”, en La esfera y el laberinto. Vanguardias y arquitectura de Piranesi a los años setenta, Barcelona, G. Gili, 1984.

WILLIAMS, Raymond: Marxismo y literatura. Barcelona, Península, 1977.

Mar del Plata, octubre de 1997

Fuente:
Scripta Nova.
Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.
Universidad de Barcelona. [ISSN 1138-9788]
Nº 11, 1 de diciembre de 1997.

Anuncios
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: