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Leyendas de Mar del Plata

7 marzo, 2010

 

“Los ángeles de la Capilla Santa Cecilia”

En la Provincia de Buenos Aires, las Sierras de Tandilia bajan hacia el Atlántico. Allá, donde las lomadas de roca se aproximan lentamente y se pierden en el mar, se erige la Capilla de Santa Cecilia, mandada a construir en 1873 por Don Patricio Peralta Ramos en honor a su fallecida esposa Doña Cecilia Robles. la capilla estilo neobarroco colonial de líneas simples y paredes blancas encaladas se encuentra ahora rodeada de construcciones modernas, pero en los comienzos, un caminito de tierra desdibujado permitía su acceso. A sus alrededores se estacionaban los carruajes que trasladaban a las familias a las fiestas religiosas y patrias, llamados por las campanas.

En el interior de la capilla, se puede ver el Altar Mayor con una imagen de la Virgen y Mártir Santa Cecilia. El ara está hecha con la quilla de un barco que encalló en Punta Iglesia y en el cielorraso reposa un óleo de “La coronación de Santa Cecilia”. Al comienzo de la nave central, yacen los restos de Eduardo Peralta Ramos, hijo del fundador de la ciudad y si se mira hacia arriba se puede observar en la cúpula un fresco que muestra los torsos de unos ángeles que miran hacia abajo rodeados por nubes y el cielo azul.

Cuenta la historia que cuando Doña Cecilia Robles falleció en el campo como consecuencia de un parto, su espíritu no quiso quedarse allá solo, sino que prefirió trasladarse a las tierras de su marido, para poder vigilarlo y continuar cuidando y viendo crecer a sus hijos. Para esto necesitó la ayuda de los ángeles, quienes la llevaron volando en sus brazos hasta su destino. Al llegar a los territorios de la actual ciudad, los ángeles quedaron maravillados con el paisaje. Les gustó la costa, en la cual se suceden cabos y pequeñas bahías a lo largo de su recorrido, donde los acantilados y las piedras juegan con el mar y forman dibujos decorativos a lo largo de ésta. Les gustó la inmensidad del océano y el movimiento infatigable de las olas, cuyo canto termina con la soledad de las playas. Y les gustó ver de noche la luna reflejada en el espejo del agua y el amanecer, cuando el sol comienza a dar brillo a las pequeñas ondulaciones del mar. Tanto adoraron el lugar que decidieron quedarse. Vagaron de un lado a otro por el solitario páramo hasta que años más tarde encontraron refugio en la cúpula de la capilla. Desde entonces, vigilan la ciudad y por la noche, cuando todos descansan, dejan el lugar para admirar la belleza y tranquilidad de la playa y jugar con la arena fría y húmeda.

https://i2.wp.com/www.imagenesmardelplata.com.ar/images/Santa-Cecilia-pMw.jpg

 

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